“Debemos luchar. Luego; Dios da la victoria.”
En la anterior legislatura el gobierno aprobó un largo listado de leyes que atentan contra la vida y la familia a una velocidad sin precedentes: La Ley de eutanasia ( 3/2921); la Ley orgánica por la que se modifica el Código penal para penalizar el acoso a las mujeres que acuden a clínicas para la interrupción voluntaria del embarazo(4/2022); la ley de la libertad sexual o llanada “ley del sólo sí, es sí,” respecto al consentimiento sexual (10/2022), y la reforma de la ley del aborto, revocando el consentimiento paterno para menores, y estableciendo una regulación de la objeción de conciencia para que no sea un “obstáculo” para garantizar el aborto (1/2023). Además, impuso también la llamada Ley trans, aprobada a pesar de todo el daño que ha puesto sobre la mesa la experiencia de otros países y cuestiona la patria potestad al permitir que el Estado intervenga a las familias que se opongan a los deseos de identidad de sus hijos, que incluyen la hormonación para el cambio de sexo (4/2023).
A veces me planteo si las personas que aprueban estas leyes no piensan en las repercusiones reales que tienen. Aprueban procedimientos a pesar de lo que hacen países en los que se implementó primero, de que frenen su aplicación en base a las consecuencias ya vistas. Está claro que lo que pueda sonar absurdo hoy para algunos, pueda sonar normal en 20 años, y esto se puede comprobar en lo que ha sucedido en los últimos 100 años.
Respecto a la ley del aborto, la consecuencia inmediata es que el bebé pague con su vida la eliminación de las decisiones vitales de su madre. Se promueve así la irresponsabilidad y la deshumanización al usar nada menos que el valor de la vida humana como moneda de cambio o como un ingrediente más del estado de bienestar. Por ello, el aborto se plantea como la solución.
Cada año matan alrededor de 100.000 bebés en España, y según la OMS la cifra es de 70.000.000 en todo el mundo. Nuestro poder humano es muy pequeño y frustrante, sin embargo, esta la realidad dio lugar a que naciera en EEUU el movimiento más grande de la historia: 40 DIAS POR LA VIDA. movimiento cuenta con más de un millón de voluntarios y se lleva a cabo en 65 países.
Es una campaña mundial de 40 días dirigida a acabar con el aborto a nivel local mediante la oración, el ayuno y una vigilia pacífica frente a los centros donde se realizan abortos.
Gracias a Dios y al esfuerzo de tantas personas, se ha conseguido salvar la vida de 24.211 bebés desde 2000, además de la conversión de 257 trabajadores de la industria del aborto y el cierre de 149 centros abortistas.
El padre franciscano Francesco Giordano, ante el panorama actual, y a la pregunta sobre lo que debemos hacer en esta situación, y responde que debemos considerar que la Verdad tiene la última palabra porque refleja adecuadamente lo que es la realidad. Lo verdadero no es ideológico, es la realidad frente al mundo de las ideas, y desde aquí es desde donde debe comenzar nuestro pensamiento y nuestra resistencia y testimonio para hacer frente a esta dictadura del relativismo.
Y continúa: “Desafortunadamente, la gente piensa muy a corto plazo, y es tarea de los líderes pro-vida mostrar cómo las consecuencias a largo plazo afectan a nuestros intereses. Por ejemplo, ser bendecido con una familia numerosa está en el interés de todos, y hoy estamos viendo las consecuencias devastadoras de un declive demográfico en todo el mundo.”
Hace unos días tuvimos la buena noticia de que un juez obligue al Ayuntamiento de Madrid a contar al bebé aún no nacido en el baremo de escuelas infantiles, todo un reconocimiento para la vida del no nacido.
Julio Loredo de Izcue, en un artículo publicado en la revista VIGILIA 40 DPLV, exponía como Antonio Gramsci, cofundador del partido comunista italiano estudió el concepto de hegemonía cultural. La hegemonía cultural, abarca realidades tan amplias como el concepto de cultura en sí. En este sentido, la forma de un coche, un estilo arquitectónico, las modas femeninas, o una música popular, en la medida en que implícitamente reflejan un determinado sistema de valores, que implícitamente transmitan un cierto espíritu, pueden servir como vehículos de la revolución cultural. Y en esa imposición cultural estamos.
Pero en los movimientos pro-vida, estamos salvando niños. Sí, estamos
defendiendo la vida inocente que no vale nada, que se supedita a deseos
de la madre, porque así lo determina la hegemonía de la “cultura de la
muerte” como la llamó San Juan Pablo II. Recordemos el famoso grito de Santa Juana de Arco:
“Debemos luchar. Luego; Dios da la victoria.”
María Ángeles Bou. Coordinadora campañas 40DPLV en Castellón.







