jueves, 7 de mayo de 2026

ISMAEL, ME QUEDAN MUCHAS CONVERSACIONES PENDIENTES CONTIGO

 

 



 

Querido hijo mío,

 

Nunca hubiera imaginado que después de perder-perder tanto se pudiera ganar-ganar tantísimo, pues como me dice mi querida amiga Begoña de Polonia, ahora te tengo  más cerca que cuando estabas en Varsovia.

 

 

Al mirar atrás este mes de mayo, siento que me quedó pendiente hablarte mucho más de Ella. ¡ Cómo me hubiera gustado  rezar  el rosario en familia todos los dias !. Profundizar más en todo lo que representa, pedir en cada decena por una intención... Ahora veo con claridad que es el legado más grande que los padres pueden dejar a sus hijos, enseñándoles el camino de la fe desde pequeños. 

 

 

 ¿ Tienes un momento para que te cuente ?

 

 

Aunque son muchos los libros publicados sobre María, el autor del libro “ La Virgen Nuestra Señora” logra una hondura especial al explicar cómo es la más perfecta criatura salida de las manos de Dios, y cómo “ es tan buena, tan sencilla, tan delicada, tan prodigiosamente humilde y pura que se la quiere sin querer”

 

 

No dejo de emocionarme cuando leo despacio " El Santo Rosario", primer libro escrito por San Josémaría Escrivá de Balaguer, y que  redactó de un tiron en 1931, durante la acción de gracias de la Santa Misa. 

 


 

 “… Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

 

Ser pequeño exige creer como creen los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños.

 

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

 

-     ¿ Quieres amar a la Virgen? – Pues, ¡ trátala! ¿ Cómo?  - Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

 

Pero, en el Rosario… ¡ decimos  siempre lo mismo! - ¿ Siempre lo mismo ? ¿ Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman ?… ¿ Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? 

 

 - Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar.

 

- Tú… ¿ has contemplado alguna vez estos misterios?

 

Hazte pequeño. Ven conmigo y – éste es el nervio de mi confidencia – viviremos la vida de Jesús, María y José.

 

Cada día les prestaremos un nuevo servicio. Oiremos sus pláticas  de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta años de oscuridad…Asistiremos a su Pasión y Muerte… Nos pasmaremos ante la gloria de su Resurrección … En una palabra: contemplaremos, locos de Amor ( No hay más amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús."

 

Te copio la consideración al primer misterio Gozoso: LA ANUNCIACIÓN


" No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está  recogida en oración.

 

    Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... -     

    Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la              escena: 


    El Arcángel dice su embajada...

 

    ¿ De que modo se hará esto si no conozco varón? ( Lc.,1,34) 

 

    La voz de nuestra Madre, agolpa en mi memoria, por contraste, todas las  impurezas de los hombres..., las mías también.

 

    Y ¡ cómo odio entonces esas bajas miserias de la tierra !... ¡ Qué propositos !

 

    Hágase en mí según tu palabra. ( Luc., 1,38) Al encanto de estas palabras virginales el        Verbo se hizo carne.

 

    Va a terminar la primera decena...Aún tengo tiempo de decir a mi Dios, antes que mortal         alguno: Jesús, te amo."

 


   " Estalla ahora la letanía lauretana, siempre con esplendor de luz nueva y color y sentido         distintos.

   Clamores al Señor, a Cristo; peticiones a acda una de las personas divinas, y a la                 Santísima Trinidad; piropos encendidos a Santa María: Madrede Cristo, Madre                 Inmaculada, Madre del Buen Consejo, Madre del Creador...

  Y el reconocimiento de su reinado - Regina! - ¡ Reina ! y el de su mediación: - Bajo tu         amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios..., libranos de todos los peligros, Virgen         gloriosa y bendita...    "



 

 " ESTABAN JUNTO A LA CRUZ DE JESÚS su madre,...dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo". Luego dijo al discípulo: " He ahí a tu madre"..."


Querido Ismael, ahora comprendes que  el   amor a María no es algo decorativo en la vida cristiana. Su maternidad forma parte del modo elegido por Dios para relacionarse con los hombres.

 

 

Michele Dolz escribe que no hemos de tener miedo de exagerar en nuestro amor por Nuestra Señora. Uno nunca exagera si es un amor verdadero. María nos lleva a Jesús siempre...San Luis Grignion de Monfort, el gran apóstol de la devoción mariana, estaba profundamente convencido de ello. 

 

 

"Movida por un gran amor, María recibe en sus manos virginales el don de nuestras acciones, les da una maravillosa belleza y esplendor, y luego las presenta a Jesucristo. Es evidente, de esta manera, que nuestro Señor recibe más gloria que si se las ofrecieramos directamenete con nuestras manos culpables. Siempre que piensas en María, María piensa en Dios para ti. Siempre que alabes y honres a María, María alaba y honra al Señor por ti. María siempre guarda relación con Dios, y me gusta mucho llamarla la pura relatividad con Dios. Ella no existe más que por su relación con Dios, como el eco de Dios, que no dice ni repite nada más que no sea Dios. Si dices “ María”, ella repite “ Dios”. Cuando Santa Isabel alabó a María y la bendijo por creer, María, el eco fiel de Dios, respondió con su Magnificat: “ Mi alma engrandece al Señor”. Lo que María hizo en esa ocasión, lo repite cada día. Cuando es alabada, amada, honrada o recibe algo, Dios es alabado, Dios es amado, Dios es honrado, Dios recibe todo a través de las manos de María y en María."

 

 

A ver si la próxima semana retomamos el tema con calma… así que prepárate, porque tengo muchas cosas que contarte sobre la aparición de la Virgen del Pilar, la Virgen de Guadalupe y la evangelización de América, la Inmaculada, la  Virgen de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad... Hablarte de  lo que nos cuenta Jorge Fernández en su libro " EL TIEMPO DE MARÏA"  ( Apariciones marianas en Francia, España y Portugal).
  
 
 
 
Tan importante era la evangelización de la entonces Hispañia romana, que Dios envió a evangelizarla nada más y nada menos que al apóstol Santiago. Pedro, Santiago y  Juan formaban el "nucleo duro" en torno al Señor. Fueron los únicos que estuvieron presentes en la transfiguración del monte Tabor; los únicos también, aunque se durmieron, que estaban con el Señor en el huerto de Getsemaní. 
 
 
 
 
El 2 de enero del año 40, aparece la Virgen del Pilar, que aún vivia en carne mortal, para fortalecer al apóstol Santiago, siendo ese el punto de partida de la historia de la evangelización y cristianización de España. Después vendría la conversión de Recaredo el 8 de mayo del año 586, y en el año 711 se produjo la invasión  musulmana de la Península Ibérica, dando inicio a la Reconquista, que duró casi ocho siglos y alcanzó su culminación con los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492. Apenas nueve meses después comenzaba la conquista de América y la obra evangelizadora de España en suelo americano, que hoy representa casi la mitad de la Iglesia católica universal. No hay ningún país del mundo que, después de sufrir una invasión musulmana de ocho siglos, haya vuelto de nuevo al cristianismo. Ocho siglos es una aventura política, militar y humana sin precedentes . 

 
 
Ismael, como puedes ver me quedan muchas conversaciones pendientes contigo .           







jueves, 23 de abril de 2026




YO PERSONALMENTE ESTOY EN CONTRA DEL ABORTO, PERO...

 






 

 

En el mes de septiembre de 1989 (ha llovido mucho) se produjo un gran escándalo en la escuela estatal Grabriel Havez, situada en Creil, uno de los suburbios de París. Tres alumnas musulmanas de origen tunecino, Leila, Fátima y Samira, de 13, 14 y 15 años respectivamente, se habían empeñado en llevar, dentro del colegio, su tradicional hidjeb, un velo o chador con el que las mujeres chiitas se cubren la cabeza y el cuello. El director les exigió que se lo quitaran para asistir a clase, y ahí comenzó una de las polémicas en torno al laicismo y la laicidad más interesantes de la historia contemporánea.

 

 



 

El director invocó la ley: sólo quería –argumentaba– “preservar la laicidad de la escuela”. Pero las tres alumnas se negaron en redondo a quitarse el hidjeb. Y a finales de septiembre el Consejo de administración del centro decretó su expulsión temporal.

 

El Consejo basaba su decisión en una circular ministerial del 15 de mayo de 1937, en la que se ordenaba “mantener la enseñanza pública a cubierto de toda propaganda “confesional “ y en la que se prohibía “cualquier forma de proselitismo.

 

Las alumnas se defendían: ellas no hacían propaganda de su religión; no la imponían a nadie; simplemente llevaban un pañuelo por motivos religiosos.

  • ¿Qué representa realmente el velo para vosotras? –les preguntaron en una entrevista
  • Protege el pudor de una mujer. Es una prenda como las otras.
  • –¿No es un signo religioso?
  • Ciertamente. En el Corán se dice que hay que llevarlo. Si no estuviera escrito, no se llevaría.
  • Tú has nacido en Compiègne. Eres francesa. ¿Quieres seguir en Francia cuando seas mayor?
  • Sí, es mi países aquí donde he nacido.
  • ¿No es normal que los símbolos religiosos y políticos estén prohibidos en la escuela pública?
  • No, no es normal. Por otra parte, muchos los llevan. Los judíos llevan al colegio la estrella de David. No comprendo por qué no se nos acepta . No comprendo por qué el director no nos quiere en la escuela, cuando hay alumnas con minifalda e incluso que fuman y se drogan en el WC. Nosotras no fumamos ni nos drogamos. Somos chicas honestas, no somos integristas, somos serias.

  • ¿Vas bien en la escuela?
  • Sí, tengo buenas notas. Quisiera estudiar medicina.
  • ¿Es más importante para ti llevar velo que seguir normalmente la escuela?

  • La religión está antes que la escuela. No voy a ir a la escuela sin velo y dejar a Dios a un lado. No voy a dejar a Dios a la puerta de la escuela. Él está siempre conmigo en clase. Está con todos, siempre.

  • ¿Sabes qué quiere decir la palabra laicidad?

  • No. Para mí los alumnos no son laicos. Es la escuela la que es laica. Los alumnos tienen derecho a vestirse como quieran.

  • Se os reprocha que al llevar el velo hacéis una especie de publicidad a una religión musulmana.

  • Llevo el velo en el colegio desde hace dos años y no sé de ninguna francesa que se haya hecho musulmana.

     

     

El 8 de octubre el ministro de Educación Nacional tomó cartas en el asunto. Afirmó que “la escuela debía ser un lugar de acogida y no de expulsión”, y recomendó la vuelta de las alumnas –que se encontraban en un periodo de escolaridad obligatoria- al colegio.Volvieron; pero como las soluciones de compromiso no suelen durar demasiado, a los pocos días fueron expulsadas de nuevo.

 

En muy poco tiempo, el país se inflamó en una polémica de amplitud insospechada, gracias a un poderoso despliegue de los medios de comunicación. Entraron en la polémica las asociaciones de musulmanes, los movimientos antirracistas y los grupos políticos. Y se descubrió que los defensores y los detractores del laicismo no coincidían con las fronteras tradicionales de la derecha y la izquierda. En la discusión intervenían muchos factores encontrados: el factor específicamente religioso, el fundamentalismo teocrático y su rechazo de los métodos democráticos, la situación de los emigrantes musulmanes, el brote de los racismos o la situación de la escuela laica en Francia.

 

La extrema derecha condenaba el uso del chador, porque uno de sus grandes puntos de lucha es el reenvío de los emigrantes musulmanes a sus países de origen. El cardenal Lustiger, al hablar sobre este punto, dijo que no había que olvidar que la Iglesia católica había sido en aquel país la principal víctima histórica del laicismo.

 

En todo caso, una vez que vino la paz al colegio –dos de las chicas decidieron quitarse el pañuelo en el mes de diciembre y la otra lo hizo en enero– quedó claro que, entre los otros factores ya mencionados, había un gran problema latente en la sociedad francesa que seguía en pie: cómo conjugar la laicidad con el respeto a las creencias individuales.

 

Porque es comprensible que los símbolos religiosos no figuren en los edificios públicos ni que gocen de favor institucional; pero es abusivo –como escribía Rafael Serrano- pretender arrancarlos de las cabezas privadas que transitan por las instalaciones estatales. “Por muy pública que sea una escuela, sus alumnos no forman parte del patrimonio nacional, de suerte que no ofenden a la laicidad del Estado por llevar símbolos de religión. Resulta sorprendente que unos jóvenes de origen magrebí encuentren tanta oposición a sus hidjebs en el mundo occidental, donde la publicidad proclama: Viste como quieras. Como lo es que el significado de una prenda de cabeza suscite una reacción tan contundente en un país que precisamente este año –aducía Serrano a los festejos conmemorativos de la Revolución Francesa– han hecho pública exaltación, nada menos que en los Campos Elíseos, del gorro frigio. ¿Es que los signos externos de la fe, a diferencia de los republicanos, son demasiado hirientes para la sensibilidad del espectador secularizado? Samira, Leira y Fátima muy bien podrían pensar que en Francia se emplea una doble medida para los símbolos”

 

 El affaire del chador puso el dedo en la llaga sobre un problema: el de la actitud del laicismo frente a aquellos que creen en un sentido trascendente de la existencia humana. Hay quien desea que la aconfesionalidad del Estado, que obliga a las instituciones oficiales, obligue también a los particulares; y hay quien mira con sospecha el ejercicio público de las creencias religiosas, y tiene siempre a flor de labios un “¡Cuidado! ¿Eso es proselitismo


Esta mentalidad afecta a la conciencia de muchos creyentes, que se cuestionan “¿Hasta qué medida, en cuanto ciudadano, estoy obligado a aplicar las normas morales de la Iglesia en el campo de la política? Porque yo, personalmente estoy en contra; pero ¿hasta que punto debo defender esa idea en la que creo en las leyes y en la política..? Los planteamientos laicistas han hecho mella, y se evidencian en la misma formulación del interrogante.

 

Para poder responder a esta pregunta, hay que resolver primero si la materia en cuestión afecta a la moralidad privada, o tiene significativas consecuencias sociales. Por poner un caso extremo, está claro que un católico puede estar personalmente convencido de que debe ir los domingos a Misa, o un protestante a su servicio religioso, o un musulmán a su mezquita. Pero esa convicción no le permite usar de su poder para obligar a los ciudadanos a acudir a los templos.

 

Pero hay otras materias que tienen una dimensión social, porque no afectan sólo al sujeto interesado. Y en esos casos, la razón del personalmente en contra se quiebra por su base.

 

Por ejemplo, en el caso del aborto. Están en juego los derechos del feto, los de la madre, y los de las otras partes interesadas o afectadas. Por eso no es aceptable la postura de aquellos políticos que afirman: “Yo personalmente, me opongo al aborto; pero apoyaré una ley que prohíba o restrinja el aborto, porque no quiero imponer mi moral a los demás”.

 

 


 

Esa declaración equivale a decir: “Yo, personalmente, me opongo al mal; pero no pondré en practica lo que es necesario para impedir que otros hagan mal a terceras personas”.

 

 

Otros creyentes buscan un nuevo subterfugio para mantener en pie “las dos morales”, y dicen: “personalmente, me opongo al aborto; pero, como ya está legalizado, apoyaré la ley”

 

Es una postura engañosa: de hecho se elige lo que pretende la ley –su fin– y los medios que conducen a ese fin. Pero no hay trampantojo que valga. Si el fin de una ley es el aborto, el legislador elige el aborto como fin, y si la ley lo elige como un medio, el legislador lo elige como un medio. Cuando un político que se considera creyente elige ese fin o ese medio, y afirma que está “personalmente en contra” caen en un lamentable contrasentido. Puede que lo diga sinceramente: pero no es más que una sincera confusión.

 

Hay una segunda variación sobre el mismo tema. La del que dice: “Yo personalmente, estoy en contra del aborto; pero hay que ser realista: no creo que se pueda impedir por ningún modo legal. Sería imposible aprobar una ley contra el aborto, y además resultaría contraproducente. Como responsable político, no pienso tomar ninguna medida”.

 

También en esos casos casos el planteamiento puede ser sincero; pero no impide que esté también sinceramente equivocado. En el caso concreto de los católicos, no pueden desentenderse de este asunto con una postura de este tipo. Es como si dijeran: “Me consta que se está matando a gente inocente, pero como los que lo hacen no parecen dispuestos a cejar en su empeño, no intentaré impedirlo”

 

La postura recta y moral resulta clara: cuando una persona cree verdaderamente que se está cometiendo una injusticia grave contra alguien, tiene obligación grave de intentar impedirla. Si no fuera así, debería existir un principio moral que dijera: haz el bien únicamente cuando creas que vas a tener éxito”

 

Puede ser cierto que en una determinada sociedad no exista el consenso necesario para luchar contra el aborto. Pero ésa es una de las tareas del político creyente, sea católico o no: crear el consenso necesario a favor de las políticas convenientes.

 

Es lógico que los gobiernos de inspiración laicista se empeñen en considerar el aborto como un asunto de moral privada, relegando a los católicos a las sacristías. Ésa es una vieja táctica laicista. Lo ilógico es que los que creen que el aborto es un crimen –sean cualesquiera sus creencias– no hagan todo que esté en su mano –un consenso, una ley etc.– para evitarlo.

 

Al llegar a este punto hay que aclarar esta cuestión: es verdad que la ley no debe pretender encarnar toda la moralidad, pero la ley debe encarnar sólo lo que es moral, y nunca lo inmoral.

 

Eso significa que se debe actuar siempre de acuerdo con la propia conciencia, iluminada –en el caso de los católicos– por el conocimiento de la fe, formada y fiel a las enseñanzas de la Iglesia. De este modo se evita el peligro del subjetivismo: el peligro de pensar que, a fin de cuentas, es la propia conciencia y no la verdad objetiva lo que determina lo que está bien o lo que esta mal, lo que es cierto y lo que es falso.





 

miércoles, 22 de abril de 2026

 

EXPERTOS EN MANIPULACIÓN MENTAL

 

LAICIDAD // LAICISMO

 

                  

La mayor derrota que hemos sufrido los defensores de la vida, la familia, la libertad de enseñanza, la libertad religiosa, …en la historia reciente ha sido la del lenguaje. Los teóricos de la izquierda neomarxistas tomaron lecciones de verdaderos expertos en psicología humana y la manipulación mental. Las ideas viajan las palabras. Quien domina las palabras, domina el pensamiento. Es conveniente abordar y definir los alcances de la laicidad estatal ante la actual realidad sociopolítica, para despejar dudas fundamentales respecto a la laicidad del Estado. Y hacerlo utilizando técnicas de repetición, como lo hacen los defensores del laicismo. 


Quien domina las palabras, domina el pensamiento.

 

 



 El 4 de diciembre 2006, el PSOE hizo público un manifiesto sobre Constitución y laicidad, que a juicio del entonces arzobispo de Pamplona. y obispo de Tudela " contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida politica injusta con la religión y excesivamente autoritaria." Un texto además, que con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución", agregaba. 

 

 

Os dejo con el análisis del arzobispo de Pamplona, que  facilita un estudio serio y objetivo.


Monseñor Sebastián afirma que el manifiesto del PSOE contiene "confusiones importantes" y no está bien elaborado


El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Fernando Sebastián, indica hoy que el manifiesto del PSOE sobre Constitución y laicidad no le parece,"con los debidos respetos", un texto bien elaborado. A su juicio, "contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida política injusta con la religión y excesivamente autoritaria". "Un texto, además, que con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución", agrega.

Leer más: https://www.europapress.es/navarra/noticia-monsenor-sebastian-afirma-manifiesto-psoe-contiene-confusiones-importantes-no-bien-elaborado-20061209120228.html

(c) 2026 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.


Monseñor Sebastián afirma que el manifiesto del PSOE contiene "confusiones importantes" y no está bien elaborado


El arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Fernando Sebastián, indica hoy que el manifiesto del PSOE sobre Constitución y laicidad no le parece,"con los debidos respetos", un texto bien elaborado. A su juicio, "contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida política injusta con la religión y excesivamente autoritaria". "Un texto, además, que con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución", agrega.

Leer más: https://www.europapress.es/navarra/noticia-monsenor-sebastian-afirma-manifiesto-psoe-contiene-confusiones-importantes-no-bien-elaborado-20061209120228.html

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 . Conviene reconocer desde el principio que es bueno poder contar con textos como éste, en el que aparece manifiestamente el pensamiento de quienes tienen especial responsabilidad en la vida pública. Esta es la forma de poner en claro las ideas de cada uno y de facilitar un debate público, serio y objetivo.

 

 

" Es bueno poder contar con textos como éste"

 

 

2º. El Manifiesto organiza su argumentación en torno al concepto de laicidad. Lo primero que llama la atención es que a lo largo del texto no se encuentra ninguna definición de este concepto. La lectura atenta del mismo deja la impresión de que se confunde laicidad con laicismo. En todo caso, para avanzar en el diálogo tendríamos que ponernos de acuerdo en el significado de cada una de estas dos palabras. Para los católicos, normalmente, laicidad del Estado y de las instituciones políticas significa neutralidad ante las diferentes preferencias religiosas de los ciudadanos. El Estado reconoce el derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos y favorece su ejercicio, sin hacer suya ninguna religión en concreto ni discriminar a ningún grupo por razones religiosas. Entendida así, laicidad equivale a lo que podríamos llamar neutralidad religiosa positiva. Este concepto de laicidad ha sido expresamente aceptado por el magisterio reciente de la Iglesia y forma parte de la visión de la democracia hoy dominante en los ambientes católicos. En cambio, cuando hablamos de laicismo entendemos aquella actitud por la que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, que debe ser protegido por los poderes públicos, sino que la considera más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida.

 

 Para avanzar en el diálogo tendríamos que ponernos de acuerdo en el significado de cada una de estas dos palabras.

 

3º. Si estos conceptos se aclarasen, podríamos estar de acuerdo en que la laicidad, rectamente entendida y ejercida, es garantía de libertad, igualdad y convivencia. La confusión de conceptos aparece cuando se recurre a un ”mínimo común ético constitucionalmente consagrado”, que se presenta como fruto de la voluntad y soberanía de la ciudadanía, al que se atribuye un valor supremo y definitivo, sin sujeción a “ningún orden preestablecido de rango superior”. Lo sorprendente es que, cuando se quiere describir este “mínimo común ético”, no se hace a partir del texto constitucional ni de las convicciones o ideales morales de los ciudadanos que, en ejercicio de su soberanía, lo elaboraron, aprobaron y promulgaron, sino que es presentado en nombre de una concepción ideológica y laicista sobreañadida al texto constitucional e impuesta gratuitamente al conjunto de la población.

 

 La confusión de conceptos aparece cuando se recurre a un ”mínimo común ético constitucionalmente consagrado”, que se presenta como fruto de la voluntad y soberanía de la ciudadanía, al que se atribuye un valor supremo y definitivo, sin sujeción a “ningún orden preestablecido de rango superior”

 

4º. A mi juicio, el defecto del raciocinio aparece cuando se intenta explicar la visión de conjunto. Los autores del Manifiesto quieren resolver el problema que la pluralidad cultural de los ciudadanos puede suponer para la convivencia. No hay duda de que es un fin bueno e importante. El error está en que, en vez de entender el ejercicio de la autoridad como un servicio al bien común de los ciudadanos, incluido el ejercicio de la libertad religiosa según sus convicciones religiosas y morales, se da por supuesto que las religiones no pueden proporcionar un conjunto de convicciones morales comunes capaces de fundamentar la convivencia en la pluralidad, sino que son más bien fuente de intolerancia y de dificultades para la pacífica convivencia. Por lo cual, para evitar los conflictos previsibles, es preciso recluirlas a la vida privada y sustituirlas en el orden de lo social y de lo público por un conjunto de valores denominados “señas de identidad del Estado Social y de Derecho Democrático”, sin referencia religiosa alguna, impuestos desde el poder político, a los que se concede el valor de última referencia moral en la vida pública. En este contexto, descartadas las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos como inspiradoras de la convivencia, corresponde al poder político configurar la nueva conciencia de los ciudadanos en sustitución de su conciencia religiosa y moral, por lo menos en lo concerniente a la vida social y política.

 

 

" Cualquier religión, vivida auténticamente, no es fundamentalista. Porque Dios no es fundamentalista." Fernando Sebatián 


 

5º. En esta manera de razonar se oculta una visión empobrecida y desfigurada de la religión. Se da por supuesto que la conciencia moral fundada en la religión no es capaz de fomentar la convivencia en la pluralidad, por lo que la diferencia de religiones se ve como un peligro para la convivencia democrática. El Manifiesto dice: “Los fundamentalismos monoteístas y religiosos siembran fronteras entre los ciudadanos”. ¿Se quiere decir con ello que los monoteísmos y las religiones en general son siempre fundamentalistas? Porque si fuera de otro modo no valdría el argumento. Nosotros pensamos que, al menos en lo que se refiere a la religión cristiana y católica, esta manera de ver las cosas no responde a la realidad y resulta objetivamente ofensiva. Fe cristiana y fundamentalismo son dos cosas distintas. Más todavía, cualquier religión, vivida auténticamente, no es fundamentalista. Porque Dios no es fundamentalista. El fundamentalismo implica intolerancia, se vista de monoteísmo o de laicismo. Los católicos entendemos las cosas de otra manera. Basta leer algunos documentos del Concilio Vaticano II, algún resumen reciente de la Doctrina Social de la Iglesia o los documentos pertinentes de la Conferencia Episcopal Española. En el proceso político la realidad original son los ciudadanos, como sujetos libres, a la vez personales y sociales. Son ellos quienes libremente y según su manera de entender las cosas, se dan unas normas para regular su convivencia. Ellos construyen un sistema de convivencia según sus propias convicciones, culturales, religiosas, sociales y morales, como fruto de su voluntad de convivencia, que queda garantizada por las leyes y en último término por la conciencia moral de los ciudadanos y de los gobernantes. En consecuencia, quienes administran los bienes comunes y protegen el bien común de la convivencia tienen que interpretar los textos jurídicos y ejercer el poder de acuerdo con los textos aprobados, y en último término con las convicciones y los intereses de los ciudadanos que organizaron la convivencia para el bien de todos. No hay ninguna necesidad de que los poderes políticos impongan otro código moral ideológico, ajeno a los ciudadanos, por lo menos a buena parte de ellos, en sustitución de sus convicciones religiosas y morales, puesto que son estas mismas convicciones las que respaldan y garantizan el sentido vinculante de las normas comunes de convivencia. Quien conozca de cerca la versión actual de la moral social de la Iglesia, verá fácilmente que los cristianos no necesitamos prescindir de nuestra fe y nuestros criterios morales para tener un sentido tolerante y democrático de la convivencia. La proyección del amor al prójimo, norma suprema de nuestra conducta moral, al campo de las realidades políticas, es base suficiente y firme para fundamentar las necesarias actitudes de justicia, tolerancia y solidaridad. La dimensión social y política de la fe y de la caridad es esencial para nosotros. La fe en Dios descubre unas dimensiones nuevas de la vida personal y suscita un ideal de vida que abarca la totalidad de la vida personal, en su realidad más íntima, en las relaciones interpersonales y en toda clase de actuaciones. Es más, la veracidad del amor a Dios se comprueba por la sinceridad y efectividad del amor al prójimo.

 

 No hay ninguna necesidad de que los poderes políticos impongan otro código moral ideológico, ajeno a los ciudadanos, por lo menos a buena parte de ellos, en sustitución de sus convicciones religiosas y morales, puesto que son estas mismas convicciones las que respaldan y garantizan el sentido vinculante de las normas comunes de convivencia.

 

6º. Esta proyección social y política de la fe y de la caridad es capaz de sustentar un orden democrático de convivencia en una sociedad libre y pluralista, con tal de que las religiones, asumidas libremente por los ciudadanos, adopten entre sí una posición respetuosa y tolerante y sean capaces de ampliar estas mismas actitudes hacia los sectores laicos no religiosos. Así es como nos situamos los cristianos. Por eso no podemos aceptar como justo el intento de recluir nuestras convicciones religiosas al ámbito de la vida privada, para imponernos como base y condición para la convivencia democrática unos valores y una interpretación de los textos constitucionales que eliminan nuestra visión religiosa de la vida y la manera de entender el bien común de quienes formamos parte de la sociedad. La convivencia en una sociedad religiosa y culturalmente plural no necesita un apoyo exterior a las religiones, impuesto autoritariamente desde fuera; basta con que los ciudadanos encuentren en sus respectivas conciencias religiosas fundamentos eficaces para el respeto a la libertad de los demás, actitudes claras y abiertas de tolerancia y colaboración. Según esta manera de ver las cosas, la laicidad del Estado consistirá en que el poder político respete y favorezca por igual el desarrollo de cada religión y de la visión laica de la vida, de forma proporcionada a su implantación y significación social, sin discriminar ni privilegiar a ninguna de ellas, dejando que cada grupo viva tranquilo según sus propias convicciones y valores. Si hay dificultades para fundamentar la convivencia, los poderes políticos tendrán que exigir a los líderes y responsables de cada grupo el desarrollo de esta conciencia de convivencia y tolerancia entre sus miembros. Lógicamente esto supone que tanto los ciudadanos religiosos como los laicos quieran convivir pacíficamente, supone también que las religiones sean capaces de desarrollar unos criterios morales capaces de fundamentar la convivencia con otras religiones y con los que no tienen ninguna religión. Como requiere también que los laicos reconozcan a la religión en general, y a cada una de las religiones presentes, como elementos positivos de la convivencia, sin alimentar sospechas ni reticencias respecto de su capacidad de fundamentar un comportamiento tolerante y democrático. Desde el año 1971 la Iglesia española ha seguido en este punto un itinerario intachable. Si en la nueva situación de pluralismo religioso incipiente, favorecido por el crecimiento de la inmigración en estos últimos años, aparecen dificultades, tendremos que hacer todos, autóctonos y recién llegados, un esfuerzo de adaptación a la nueva situación.

 

 La laicidad del Estado consistirá en que el poder político respete y favorezca por igual el desarrollo de cada religión y de la visión laica de la vida, de forma proporcionada a su implantación y significación social, sin discriminar ni privilegiar a ninguna de ellas, dejando que cada grupo viva tranquilo según sus propias convicciones y valores.

 

 

 7º. Es posible que los autores del Manifiesto piensen de otra manera y tengan la convicción de que las ideas religiosas son incapaces de fundamentar un comportamiento social aceptable. Tal manera de pensar se manifiesta cuando dicen, p.e., que sin la laicidad no hubieran podido ser consideradas como delitos algunas prácticas rechazables, como la ablación o la violencia familiar. Así se explica también que el texto entienda el concepto de laicidad como un verdadero laicismo, que no se conforma con la neutralidad religiosa del Estado, sino que lleva a desplazar las ideas religiosas y sustituirlas por otros valores sin referencia religiosa alguna. Estos valores, entendidos de manera absoluta, sin referencia a un orden moral objetivo, pueden ser interpretados como convenga en cada caso, hasta reconocer como verdaderos derechos algunas prácticas incompatibles con principios morales fundados en la recta razón y recogidos en la Constitución, tal es el caso, p.e., de la legitimación del aborto, la producción y destrucción de embriones humanos con fines interesados, el reconocimiento de los pactos de convivencia entre personas del mismo sexo como verdadero matrimonio, etc. Tales cosas no son fruto de la laicidad sino de la supresión de criterios verdaderamente morales en el ordenamiento de la vida pública y en el ejercicio de la autoridad. El futuro no está en un laicismo obligatorio, sino en el diálogo honesto y sincero de las religiones entre sí y con los sectores laicos.

 

 

 Estos valores, entendidos de manera absoluta, sin referencia a un orden moral objetivo, pueden ser interpretados como convenga en cada caso, hasta reconocer como verdaderos derechos algunas prácticas incompatibles con principios morales fundados en la recta razón y recogidos en la Constitución, tal es el caso, p.e., de la legitimación del aborto, la producción y destrucción de embriones humanos con fines interesados, el reconocimiento de los pactos de convivencia entre personas del mismo sexo como verdadero matrimonio, etc. 

 

 

8º. El protagonismo reconocido en el Manifiesto a los valores laicos de ciudadanía y convivencia, no solamente desplaza la influencia ética de las religiones, sino que se impone incluso sobre el sentido más obvio del texto constitucional. Varias expresiones del Manifiesto hacen pensar que sus autores argumentan más desde una ideología laicista, previa al texto constitucional, que a partir del texto objetivo de la Constitución de 1978. De otro modo no se explica la innecesaria equiparación de la Constitución de 1931 con la de 1978 como muestra de la “más alta plasmación” de la vida democrática del pueblo español. Da la impresión de que se quiere presentar la Constitución de 1931 como complemento y referencia interpretativa de la Constitución actualmente vigente. ¿Es que el ejercicio de la soberanía de la nación española que sustenta el texto constitucional de 1978 no fue suficiente? ¿No fue, al menos, tan pleno y eficaz como el de 1931? En el Manifiesto se presenta la laicidad como un principio esencial de la Constitución actual, pero este término no aparece en el texto constitucional, aunque sí esté presente esta idea con expresiones equivalentes. Se pretende definir las relaciones de las instituciones políticas con las religiones y con la Iglesia católica sin hacer la menor referencia al art. 16 de la Constitución vigente. Y se quiere también describir la naturaleza y la función social de la educación sin tener en cuenta ni aludir siquiera al art. 27 de nuestra Constitución.

 

 

 Y se quiere también describir la naturaleza y la función social de la educación sin tener en cuenta ni aludir siquiera al art. 27 de nuestra Constitución.


 

. Finalmente, el ritmo y la estructura del texto hacen pensar que está elaborado para justificar la existencia y la imposición de la nueva asignatura “Educación para ciudadanía”. Se dice que los poderes políticos tienen que contribuir a formar las conciencias de acuerdo con el “mínimo común ético constitucional”. Reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa. El recurso a ese mínimo ético constitucional implica algo que no se dice, que es la facultad de interpretar el sentido de esos principios éticos que se reconoce al poder político. Sin respetar los principios morales de los ciudadanos, ni siquiera el sentido evidente del texto constitucional. En cambio, una visión verdaderamente democrática de la cuestión obliga al poder político a respetar las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos sin obligarnos a someter nuestra conciencia a los criterios o a las opiniones personales de los gobernantes. El texto afirma que el sistema educativo constitucional no prevé una “educación neutral”, sino que intenta “trasmitir y promocionar” el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades necesarios para consolidar el régimen constitucional y la convivencia de todos. Contra esta manera de pensar decimos que “los principios democráticos de convivencia” nacen de las convicciones morales de los ciudadanos que inspiraron el texto de la Constitución. En consecuencia, estos principios sobre los que se apoya la convivencia no pueden ser interpretados por el poder político desde otros principios añadidos y sobrepuestos al texto constitucional, sino que deben ser interpretados respetando las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos y la consecuente y primaria responsabilidad educativa de los padres (artículos 16 y 27, 2 y 6). En consonancia con esto hay que decir que la Constitución de 1978 no tiene por qué ser interpretada desde la de 1931. Ésta sí era laica, y laicista. La actual no. Al final del recorrido se ve el valor esencial que en los proyectos del gobierno tiene la asignatura de “Educación para la ciudadanía”. Si las religiones no son capaces de fundamentar la convivencia “porque siembran fronteras entre los ciudadanos”, el gobierno tiene que mentalizar a las nuevas generaciones con otros principios morales no religiosos “para consolidar y perpetuar la vigencia del propio régimen constitucional y la convivencia de todos”. Uno no puede menos de preguntarse si esta manera de entender las cosas puede tener cabida en una mentalidad verdaderamente democrática.

 

 Reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa

 

10º. Este rápido análisis muestra que el debate entre laicistas y cristianos no es un debate banal, sino que afecta a graves cuestiones de antropología, como la concepción de la libertad, el origen de los principios morales y en último lugar la existencia o no existencia de un Principio superior, que se hace presente en la historia humana, y que es a la vez autor de la vida y fundamento de la libertad y de la conciencia del hombre. Esto es precisamente lo que los cristianos reconocemos, con una inmensa gratitud, en Jesucristo, aceptado y adorado como Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, Señor y Salvador del mundo y de la historia. A pesar de todo, los católicos pensamos que laicos o laicistas y católicos podemos convivir pacíficamente, como podemos también convivir fieles de distintas religiones, a partir del respeto a los derechos y obligaciones fundamentales derivados del reconocimiento del valor absoluto de la persona en una sociedad de hombres libres. Esta convivencia requiere un conjunto de convicciones comunes respetadas por todos, clarificado y enriquecido mediante el diálogo constante, sin necesidad de excluir las ideas religiosas del patrimonio cultural y social de la sociedad en la cual estamos todos integrados. Los ciudadanos católicos podemos decir a un gobierno realmente laico: déjennos ser católicos con todas las consecuencias, más todavía, ayúdennos a ser buenos católicos, porque de nuestra catolicidad nacen para nosotros los fundamentos de una sólida ciudadanía, abierta y sincera, que estamos dispuestos a compartir con los demás grupos, en un esfuerzo constante por construir y actualizar un patrimonio común respetuoso con las convicciones de todos.

 

 

 

11º. En resumen, el Manifiesto con el que los socialistas han querido conmemorar el XXVIIIº aniversario de la Constitución nos ofrece la posibilidad de un diálogo riguroso y sereno. Por el momento, con los debidos respetos, no me parece un texto bien elaborado, contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida política injusta con la religión y excesivamente autoritaria. Un texto, además, que, con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución. Me gustaría que alguien me convenciera de lo contrario.