EDADISMO
Hay un dicho muy extendido hoy según el cual “ los 50 son los nuevos 30 “. Hoy observamos que abundan las personas entradas en años que visten y tienen hábitos adolescentes, y se unen a toda moda que les permita “ sentirse” jóvenes. Afirma Javier Lozano que estos comportamientos denotan una cuestión de gran trascendencia social: la crisis de madurez. Buscar “ sentirse joven” a toda costa, rehuir el compromiso o romper los vínculos bajo el pretexto de “ volver a disfrutar de las cosas que hacía antes” son parte de los síntomas de un virus generacional
Occidente vive una grave crisis de identidad que tiene como una de sus consecuencias más notorias la crisis de la madurez. La que hasta hace apenas unas décadas era una virtud y una cualidad anhelada, hoy es despreciada por una sociedad cada vez más infantilizada. El profesor Lozano, presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana, coautor del libro La conquista de la madurez ( Rialp,2024), destaca que esta crisis afecta profundamente al proceso de madurez porque “ quién no sabe quién es no sabe qué quiere ni a dónde va”
Según la Real Academia española, la madurez es “ el periodo de la vida que se ha alcanzado la plenitud vital” y está vinculada “ al buen juicio, la prudencia y sensatez”. Por tanto conquistar la madurez debería ser una meta anhelada para toda persona. Sin embargo, dice Lozano que la cultura actual tiende al infantilismo, o más bien hacia una adolescencia perpetua. Vive esclava del deseo y de la inmediatez, rehúye del deber y el compromiso, y considera que todo lo que le ha precedido es carca y caduco.
El profesor José Antonio Lozano considera que el proceso de la madurez pasa por tres etapas que tienen que ser revisadas en distintos momentos de la vida.
1.- CONOCERSE. Se trata de un proceso que requiere silencio, reflexión y valentía para ver no solo nuestros puntos fuertes, sino también nuestros defectos y limitaciones.
2.- ACEPTARSE. Es la etapa más difícil y la que implica el paso esencial para madurar. Consiste en reconocer y valorara tanto las propias fortalezas como las limitaciones.
3.- MEJORAR. No se trata de aceptarse a uno mismo con sus defectos y conformarse con ellos. Según Lozano. “ eso sería una señal de inmadurez de la voluntad . Tenemos que buscar activamente lograr la mejor versión de nosotros mismos”
Este experto recuerda que la falta de aceptación de la edad cronológica tradicionalmente no ha sido fácil para las personas, hoy se ha acentuado poderosamente a través del llamado “ edadismo”, que es “ la idea de que lo valioso es la juventud y de que, en la medida en que se envejece, se pierde el valor de la persona” Lozano explica que el edadismo afecta a las personas de tres maneras diferentes: “ El que no quiere llegar a viejo, el que quiere mantenerse joven y el que asume el síndrome de Peter Pan”
Hoy
se piensa que lo valioso es la juventud y que al envejecer la persona pierde
valor
“No
hay una madurez plena sin crecer en la dimensión espiritual, que juega un papel
central en la persona”
Pero ¿ qué es la madurez espiritual ?
Equivale, asegura este autor, a “ la plenitud cristiana” o “ santidad personal”, que pasa por “
irse haciendo cada vez más semejantes a Cristo”, una meta que “ no se logra del
todo en esta vida”. En su libro Lozano ofrece diez rasgos que muestran si una
persona camina hacia la madurez espiritual: tener vocación a la santidad; vivir
las virtudes teologales; tener fe firme en Dios; contar con una esperanza que
convierta en confianza en el plan de Dios; vivir la caridad en su doble
dimensión: amando a Dios y al prójimo; contar con un plan de vida espiritual;
amar la Cruz; realizar algún apostolado; tener una unidad de vida, es decir,
congruencia entre lo que se piensa, se cree y se vive; y, por último, vivir con
alegría y paz interior.












