LA CONSAGRACIÓN DE ESPAÑA POR ALFONSO XIII AL SAGRADO CORAZÓN DE
JESÚS
Antes de morir, el rey dijo que él era consciente de
que habría podido salvar la corona, pero que eligió salvar su alma y hacerle un
bien a España.

En la obra Si tú
le dejas, acerca de santa Maravillas de Jesús, se alude a un episodio de la
infancia que selló el futuro del rey Alfonso XIII con el Sagrado Corazón de
Jesús. En enero de 1890, “ Bubby”, que así es como le llamaban en el ámbito
familiar, tenía entonces cuatro años. Sin que nadie se diera cuenta, se comió
una caja de medio kilo de “ marrón glacé” y se puso muy enfermo. “ Es más de lo
que podía resistir un estómago de cuatro años. El rey se muere. La reina había
pedido oraciones a muchos conventos de la Corte. La superiora de uno de ellos
le ha enviado un escapulario del SCJ, rogándole que se lo ponga al niño. Con
libertad santa, le sugiere una idea: consagrar públicamente a su majestad al
Corazón de Jesús, si Este le concede la salud. La reina enjuga sus lágrimas,
entra de nuevo en la habitación donde el rey Bubyy está postrado por la fiebre.
Coloca el escapulario del Corazón de Jesús y junto a él ora largamente. Contra
todos los cálculos humanos, esa noche la enfermedad hace crisis y a los pocos
días Alfonso juega alegremente como si nada hubiese pasado “
Cinco meses más tarde, la reina consagra a sus tres
hijos al Corazón de Jesús en la parroquia de San Martin. El Nuncio le impone
después la medalla de la Guardia de Honor. La reina envía un telegrama al Papa
contándole lo ocurrido y pide su bendición para sus hijos y para ella. León
XIII contesta bendiciéndoles “ con paternal afecto”
El rey Alfonso XIII sufrió un atentado del que salió
ileso en 1906, el día de su boda. En 1911, siendo ya rey entronizó al Corazón
de Jesús Eucarístico en el salón del trono del Palacio de Real de Madrid, en la
plaza de Oriente: “ Soberano Señor Jesús
Sacramentado, Rey de reyes y Señor de los que dominan. Ante vuestro augusto
trono de gracia y misericordia, se postra España entera, hija muy amada de vuestro
Corazón. Somos vuestro pueblo. Reinad sobre nosotros. Que vuestro imperio dure
por los siglos de los siglos.”
A raíz del Congreso Eucarístico surge la idea de
erigir un monumento al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, corazón de
España. Por otro lado, Alfonso XIII quiere agradecer a la Divina Providencia y
al Corazón de Jesús el que haya librado a España de la Primera Guerra Mundial.
A ese empeño contribuye la labor del sacerdote peruano Mateo Crawley, gran
apóstol del Corazón de Jesús. En 1914
había visitado España, fundando más de treinta centros de entronización.
Consiguió la adhesión del Nuncio, el arzobispo de Toledo y el cardenal
arzobispo de Sevilla a la causa. En 1919 volvió a España y visitó gran parte
del país, promoviendo la consagración de España.

En el Cerro de los Ángeles había sido consagrada una
ermita a Nuestra Señora de Los Ángeles en tiempos de Alfonso VI, en el siglo
XI, tras ser conquistada a los árabes la villa de Madrid. La ermita fue
construida sobre una atalaya ubicada en el lugar que los árabes ya consideraban
el centro de España. A finales del siglo XIV esa ermita sería destruida y más
adelante se levantó la que se conserva hoy en ella.
Antes de la consagración, una comisión de la masonería
internacional se presentó ante el rey para hacerle ver la inconveniencia de
realizar la consagración y exponerle las consecuencias negativas que ello
acarrearía a la corana. Amenazaron con hacerle abdicar si no aprobaba una serie
de medidas: su adhesión a la masonería, decretar que España sería un Estado
laico, la reforma de la familia y el divorcio y la instrucción pública y laica.
El rey contaría después al padre Mateo Crawley que él, como creyente, no podía
aceptar esas condiciones. ( JFD, pag. 170 “ Tiempos de María)
Pese a la oposición de una parte del Gobierno, Alfonso
XIII siguió adelante y efectuó la consagración de España al Corazón de Jesús el
30 de mayo de 1919, en la fiesta del rey Fernando III el Santo, ante el
Santísimo expuesto:
Corazón de Jesús Sacramentado. Corazón del Dios
Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan:
España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones,
se postra hoy reverente ante este trono de bondades que para ti se alza en el
centro de la península. Toda las razas que la habitan, todas las regiones que
la integran, han constituido en la sucesión de los siglos, y a través de
comunes azares y mutuas lealtades, esta gran patria española, fuerte y
constante en el amor a la religión y en su adhesión a la monarquía.
Sintiendo la tradición católica de la realeza española
y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina
Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios
a la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre yen la dicha de los pueblos
que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de
vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los príncipes de la
tierra y que de Vos reciben eficacia y
sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del
orden y de la paz.
Vos sois el Camino seguro que conduce a la posesión de
la vida eterna, luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que
conozcan la verdad y Principio propulsor de toda vida y de todo legítimo
progreso social, afianzándose en Vos y
en el poderío y suavidad de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que
elevan y hermosean el alma.
Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es
Reino de Justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno
de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la Ciencia y
de las Letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias.
Gracias, Señor, por habernos librado
misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos han
desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia.
Desde estas alturas que para vos hemos escogido, como
símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas,
bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la
pacifica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad
que haga más suave su vida, más llevadero su trabajo.
Bendecid al Ejército
y a la Marina, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de su
disciplina y en el valor de sus armas, sean siempre salvaguardia de la Nación y
defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la
cordialidad de unos mismos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos
consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la
seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón Amable. Así
sea.
Una consagración es un acto de correspondencia al amor
de Dios. Sabemos por la Sagrada Escritura que Dios nos amó primero, y nosotros
intentamos corresponder a su amor mediante nuestra consagración a Él. Es
importante aclarar que quién consagra debe tener la potestad sobre la
entidad que quiere consagrar. En el
ámbito personal, yo me puedo consagrar al Corazón de Jesús, pero no puedo
consagrar a otra persona; en el ámbito público, lo tiene que hacer la autoridad
competente. Por eso la consagración la hace el rey, y no un obispo. En el siglo
XVII, cuando el SCJ se apareció a santa Margarita, le dijo que le pidiera a
Luis XIV – y no al obispo de París- que consagrara Francia a su Sagrado
Corazón. Más adelante, la Virgen pediría e Fátima la consagración de Rusia al
Inmaculado Corazón de María por parte del Papa, que es quien tiene potestad de
la Iglesia católica, y en comunión con todos los obispos del mundo. ( pag.171. Libro JFD )
Alfonso XIII, que no había querido aceptar las
condiciones que le quiso imponer la masonería para seguir en el trono, perdió
la corona el 14 de abril de 1931, fecha en la que se proclamó la Segunda
República. Murió en Roma, en el exilio, doce años después, el 28 de febrero de
1941. El autor Alberto Bárcena, citando a Alfonso XIII, afirma que poco antes
de morir, el rey dijo que el era consciente de que habría podido salvar a
corona, pero que eligió salvar su alma y hacerle un bien a España.
En Junio 2026, mes dedicado al SCJ visita España el
Papa León XIV, comenzando en la fiesta del Corpus Christi; una visita que
muchos califican como histórica.