DIOS HIZO UN GRAN MILAGRO
Tuve la gran suerte de poder asistir al 8º Congreso Internacional para voluntarios líderes del movimiento 40 DPLV que tuvo lugar en Barcelona en febrero 2025, y que reunió a cerca de 200 participantes con el objetivo de tejer comunidad y coger fuerzas para las próximas campañas de oración y ayuno frente abortorios.
Ramona Treviño explicó en ese congreso:" Mi padre era alcohólico. A los 16 años me quedé embarazada de una pareja que me maltrataba; tuve a mi hija y finalmente lo dejé. Más tarde conocí a quien hoy es mi marido. Nos casamos y al mes me quedé embarazada de nuevo. Un año después quise volver a trabajar y, en 2008, una amiga me avisó de una vacante en Planned Parenthood. Por mi experiencia trabajando con mujeres, me ofrecieron dirigir un centro en Sherman, a una hora de Dallas, y acepté."
Mi centro era de “planificación familiar”. No se practicaban abortos: atendíamos consultas, hacíamos test de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, ofrecíamos anticonceptivos y derivábamos a las mujeres que querían abortar a otros centros. Yo pensaba que, aunque nunca abortaría, cada mujer tenía derecho a decidir.
En una entrevista publicada en la revista Misión responde a las siguientes preguntas:
¿Qué pasaba cuando llegaba una mujer que no quería tener a su hijo?
Nunca debíamos explicar qué ocurría en un aborto; la información estaba en folletos guardados en un armario, sólo por si había una inspección. Cuando una mujer daba positivo en el test, se le ofrecían tres opciones: aborto, adopción o cuidado prenatal. Muchas pedían las tres porque no sabían qué hacer, y en esos casos teníamos instrucciones de animarlas a abortar.
Se justificaba diciendo que ella personalmente no optaría por un aborto, pero que defendía «el derecho de la mujer a escoger». Una justificación que se tambaleó en 2011, cuando 40 Días por la Vida organizó una campaña frente al centro donde trabajaba, en la ciudad de Sherman, en el estado de Texas, en los EEUU. Algo removió su conciencia y se dio cuenta de que lo que hacía era firmar sentencias de muerte para bebés en gestación. Dios tuvo misericordia y le cambió el corazón para poder salir del negocio de la muerte y redimirse."
¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?
«A través de esa campaña, la gracia de Dios se derramó sobre mí; abrió mis ojos a la verdad»
«A través de esa campaña, la gracia de Dios se derramó sobre mí; abrió mis ojos a la verdad», y señalaba que en aquel momento se rompió el armazón de razonamientos sobre el que sustentaba su jornada laboral. «No quería confrontar el hecho de que estaba ayudando a mujeres a acabar con la vida de sus bebés, porque darte cuenta de que has sido cómplice en acabar con vidas inocentes es una realidad sombría, una carga pesada»
Un peso sobre sus hombros del que pudo librarse, asegura, gracias a la misericordia divina. Literalmente: «El 1 de mayo de 2011, yo estaba en misa, pero no sabía que aquel día era la fiesta de la Divina Misericordia, y también la beatificación de Juan Pablo II». Durante la Eucaristía, ocurrió algo en el momento de la consagración: «Escuché en mi interior la voz de Dios que me decía: ‘Ramona, te perdono, ten fe en mí’, y cuando lo escuché, supe que también tenía que perdonarme a mí misma», relata.
Con todo, puntualizaba que «fue más fácil aceptar el perdón de Dios que perdonarme a mí misma», y que a raíz de aquello comenzó un proceso de sanación que hundía sus raíces en su infancia. Tras su caída del caballo, además, Treviño decidió abandonar su puesto de trabajo en Planned Parenthood: «Fue un gran salto de fe», aseguraba. Y uno que en el futuro inmediato se reveló acertado, ya que tres meses después, el centro en el que trabajaba cerró sus puertas: «Milagroso».
Preguntada por las críticas que se vierten sobre 40 Días por la Vida desde instituciones, que tildan a las personas que rezan frente a los abortorios de ser acosadores, Treviño insiste: «40 Días por la Vida es pacífico, no hay ninguna agresión, más allá de lo que ellos perciban», y asegura que «si atacan este movimiento, es porque funciona».
Bajo su punto de vista, como extrabajadora de un centro, «la presencia de alguien rezando pacíficamente en la acera desafía el corazón de quienes trabajan dentro». «Si eres un empleado y hay algo ahí que te molesta y te quita la paz, es tu conciencia, porque los de fuera no te están acusando de nada».
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"la presencia de alguien rezando pacíficamente en la acera desafía el corazón de quienes trabajan dentro».
A partir de ahí ¿fue fácil seguir?
Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer su voluntad.
Y ahora, ¿a qué se dedica?
Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto.

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