TRANSFONDO OSCURO SOBRE EL CUAL PODEMOS HACER BRILLAR LA IMAGEN DE MARÍA
Abordar hoy la pregunta sobre la identidad femenina, resulta urgente, pues significa enfrentar uno de los tópicos más conflictivos de la actualidad, donde existe gran confusión y se dan múltiples y contradictorias posiciones. A partir de la Conferencia Internacional sobre la Mujer realizada en Beijing en 1995, este tema se puso sobre el tapete a nivel mundial. Fuera de constatar la diversidad de posiciones, quedó claro también la necesidad de que esta temática fuese materia de reflexion.
Es un hecho evidente cómo han cambiado de un día para otro, los valores de la mujer y cómo el ideal de la mujer violentamente se ha hundido. Nos invade un punto de vista erróneo: la concepción de que la mujer ha de ser medida y valorada esencialmente según patrones masculinos. La mujer no necesita extender las manos aspirando a ser como el hombre pues es grandiosa su naturaleza. A lo largo de mi trayectoria en la orientación familiar, combinada con mi experiencia práctica como esposa y madre , he podido validar un principio fundamental: La teoria de la complementación.
También ha penetrado otro punto de vista erróneo, es aquel que concibe a la mujer como un medio para el placer sexual, para el placer sexual del varón. Si consideramos que el ser de la mujer se agota en esto, ciertamente que es un punto de vista equivocado. El varón ha tenido aquí la culpa, porque, por su manera de pensar, ha colocado en esto el valor supremo de su escala de valores. ¿ Acaso lo que dicen los diarios y las películas no demuestra que el hombre busca, por todos lados, estos valores? Y, entonces; ¿ no es evidente que también la mujer crea que destacar estos valores constituye el sentido último de su vida? Basta salir a la calle para observar la manera provocativa de vestir de las jóvenes. Está claro que a toda mujer le gusta sentirse atractiva. Por eso, no hay mejor cumplido para ella que un sencillo y sincero. ¡ Qué guapa estás!. Pero esto no define su propósito vital ni sus prioridades ; o. al menos, no tendría que ser así.
La naturaleza femenina está de por sí más condicionada por el sentimiento del pudor y debemos enorgullecernos de ello. No podemos pensar que somos unas mojigatas. Al revés, debo pensar. ¡ tengo una tarea, mi tarea es vivir ejemplarmente lo que es propio de la naturaleza femenina! Y mi educación debe corresponder a esto. El modo de amar propio de la mujer posee una mayor calidad espiritual- afectiva. En la naturaleza femenina, la vida del amor es primariamente más espiritualizada. En el hombre , es de por sí primariamente cosal, primariamente referida al cuerpo, a lo corporal, a lo no espiritual.
Destaca Kentenich que "ese plus en la naturaleza de la mujer se da por dos razones, primero, porque la naturaleza femenina está de por sí más condicionada por el sentimiento del pudor, segundo, porque está mas orientada al altruismo. Incrementamos la confusión de los sexos si no educamos, consciente, a la mujer de modo que posea como propio ese finísimo sentido del pudor. Una educación auténtica debe desarrollar una marcada conciencia del propio sexo, debe educar el sentido del pudor. “ es falso preguntarse siempre si esto o aquello es pecado. ¡ No! Debemos auscultar las leyes del ser y , a partir de una conciencia espiritual sana, hacer eso o lo otro. Corresponde a la disposición espiritual del alma femenina, el ser pudorosa en todo su ser, absolutamente en todo. Con esto, me refiero también a la importancia que tiene el pudor femenino, sobre todo para salvar el matrimonio. Cuando la mujer ha conservado su nobleza interior posee una ilimitada capacidad de sufrimiento. La grandeza de la mujer consiste en su capacidad de sufrir. No debemos educar muñequitas, sino auténticas mujeres. Y esto se mide por su capacidad, su apertura y disposición hacia el sufrimiento.“
Queremos liberarnos de la confusión de los sexos y, por eso, debemos educar una extraordinaria conciencia de la feminidad y masculinidad: Desgraciadamenet, tenemos que estudiar estas cosas en forma reflexiva. No debería ser así, deberíamos ver todo esto de modo más espontáneo. Debo poseer la conciencia de estar orgullosa de pertenecer a este sexo. La mujer posee un plus en su natuleza para las relaciones vitales. ¡Está tan cerca de la vida.! Por eso es muy propio de la mujer tener una sensibilidad mucho más fuerte para la comprensión del tú personal. Lo propio del hombre es la capacidad cosal de lo objetivo. ¿ No creemos que sería mejor formar este modo de ser femenino que permitir que sea arrasado por la modalidad masculina ?
El joven debe estar orgulloso de ser varón, y la mujer no avergonzarse de serlo. Si no poseemos instintivamente el respeto ante nuestro propio valor original, tendremos que reflexionar al respecto.
" ¿ Cómo habrá pensado Dios la relación entre hombre mujer en el paraiso, como un fruto victorioso para todos los tiempos? se pregunta Kentenich. Ambos debían ir de la mano sobre la tierra como rey y reina de igual dignidad. Pero pecó y arastró al hombre hacia el abismo, hacia la cloaca del pecado. Esto habría de purgarlo amargamente: en aquello que había faltado, en ese también debía padecer el castigo. Claro que el pecado original dependió formalmente de la actitud de Adán. Pero, puesto que Eva abusó tan fuertemente de su influencia sobre la cabeza de la sociedad humana, debía también ser partícipe de la maldición de Adán y, esto, de un modo profundo.
Así vemos cómo Dios no lanzó su castigo solamente sobre la cabeza del varón sino también sobre la mujer. Eva, ideada como reina del hombre, aparece ahora como su sirviente: " deberás someterte al hombre" ( Gen 3-16). Ciertamente, ella podía y debía continuar siendo su compañera, pero compañera de su debilidad y de sus sufrimientos.
Podía continuar siendo la " madre de los vivientes" ( Gen 3,20), pero esa maternidad debía ser ahora enmarcada en la corona de espinas del dolor: " en medio del dolor darás a luz a tus hijos" ( Gen 3,16) . Y con este acto procreador debía perpetuarse también la no bendición, el dolor y el pecado.Madre de los vivientes, ha de seguir siéndolo, pero, simultaneamente ha de ser madre de la muerte y de los muertos. Ahí tienen el anatema de Dios en su primer efecto.
"Los hombres acomodan todo según el placer y el deseo de su corazón. La condición de la mujer habría sido mucho más soportable, habría seguido siendo reina, al menos en el marco y en el ámbito de la familia, si el egocentrismo masculino no hubiese torcido y malinterpretado tanto ese anatema de Dios, a lo largo de los siglos. Así vemos cómo las descendientes de Eva se rebajan más y más convirtiéndose en esclavas del hombre . Es como un grito que cruza los siglos, los milenios; el gemido y el grito de las hijas de Eva. Sí ¡ Su quisiera hubiese parado en esto!. Lo más trágico, lo más triste, consiste en que la naturaleza de la mujer con el tiempo , se ha acostumbrado de tal modo a la esclavitud, que ha llegado a sentirse bien en ella." ( P. José Kentenich)
Pensemos sólo en como se concibe hoy a la mujer en los países "civilizados". El culto de la mujer es, en lo más profundo, un culto a Venus. Y ¡ el clamor de los niños no nacidos! Sí, es como el hacha del verdugo en todos los países civilizados de Europa. Al hijo ya no se le considera un regalo del cielo sino una hipoteca soberanamente incómoda de la sensualidad.
Este es el transfondo oscuro sobre el cual podemos hacer brillar la imagen luminosa de María.
El restablecimiento del orden primitivo.
Sostiene Kentenich que si Dios quería redimir al mundo, entonces, su gracia redentora debía tocar abundantemente a la mujer, pues la mujer estaba virulentamente infectada por el pecado y por sus consecuencias. Ella tiene una inmensa trascendencia en el organismo total del universo. Así vemos cómo el Dios-Hombre, en cuanto fruto acabado de la redención, destaca justamenete a un miembro del sexo femenino a la Madre de Dios, la Bendita entre las mujeres.
Pero todo esto no era suficiente
Estamos en el mes dedicado a la Santísima Virgen, y no estaría mal aprovechar
para descubrir que Ella configura el
ideal de la mujer. Podemos decir que Ella quiere librarnos de la crisis de los sexos en cuanto Ella ilustra el ideal de la mujer.

























