martes, 24 de marzo de 2026

ANALFABETISMO SOBRE LA VEJEZ

 


 

En el curso de este siglo la población de ancianos en los países industrializados alcanza un número y una proporción mayores que nunca, y a la vez las familias son más pequeñas. No escasean análisis sobre las consecuencias del envejecimiento en los sistemas de pensiones, el mercado laboral o la sanidad. Pero la primera exigencia que plantea el aumento de personas mayores es, naturalmente, cuidarlas. ¿Quién las cuidará? En esto se centraba  un  informe de 2002  del Consejo de Bioética norteamericano, por el Consejo de Bioética bajo la dirección de Leon Kass, su primer presidente 

 

Los autores del informe identifican dos peligros principales que se han de evitar. Uno es el de caer en “las peores formas de traición e inhumanidad contra los mayores dependientes”, como abandonarlos en instituciones dedicadas a “almacenarlos” y promover el suicidio o a la eutanasia. Es frecuente defender la eutanasia apelando al “derecho a morir”, basado en la autonomía individual. Leon R. Kass, profesor de la Universidad de Chicago, discute esa tesis en un trabajo publicado en Hastings Center Report (enero-febrero 1993

 

Ante este panorama, es muy necesario pensar con calma aquello que nuestra cultura prefiere evitar: la entrada en la vejez, y este ha sido el objetivo de Rogelio Rovira que  inspirado por una sugerente intuición de Manuel García Morente -la vida como un viaje de cuatro estaciones, cada una con “sustantividad, esencia y finalidad propias” - mostrando  en su ensayo “ Vejez, la cuarta estación (Bookman, 2026) que la ancianidad no es un apagamiento, sino una forma genuina de existencia humana. 

 


 

 Esta es la respuesta de Rogelio Rovira en una entrevista a dos preguntas clave  :

 

-Hoy la cultura dominante parece obsesionada con la  juventud, la productividad y la imagen. ¿Qué síntomas de  “analfabetismo sobre la vejez” detecta usted en nuestra sociedad y qué correcciones propondría?

 

Aunque mi ensayo no es de crítica social —es, ante todo, una meditación filosófica—, no he podido evitar contrastar la visión que defiendo de la vejez con la que hoy parece imponerse. El contraste es sobrecogedor.

 

Ya Ortega y Gasset, en el primer cuarto del siglo pasado, advirtió que Europa entraba «en una etapa de puerilidad»: mientras a finales del XIX el joven aspiraba a imitar las maneras del anciano, ahora todos se esfuerzan por prolongar la juventud indefinidamente. Sus palabras resultaron proféticas. El filósofo francés Robert Redeker lo ha descrito de manera estremecedora al hablar del «jovenismo» y del «utilitarismo económico» como las dos líneas de fuerza que dominan la mentalidad occidental actual. Por el primero, quienes ya han dejado atrás la juventud quieren seguir siendo reconocidos como eternamente jóvenes. Por el segundo, la vida se mide en términos de productividad, y donde no hay rendimiento visible, se supone que tampoco hay vida que valga la pena. Redeker llega incluso a hablar de un «gerontocidio»: no la eliminación pasiva de los ancianos, sino su eliminación activa.

 

Los síntomas de este analfabetismo sobre la vejez son múltiples. El más llamativo, quizás, es el modo en que hoy se la nombra: se habla de «tercera edad» o de «los mayores», como si la ancianidad fuera una categoría innombrable o vergonzante. Por ello, tanto el editor del libro, Miguel Ángel Blázquez, como yo mismo no hemos querido dejar de llamar a las cosas por su nombre y hemos convenido en titular el libro así: Vejez, en letras muy grandes. Y es que, como ya observó Quevedo con su acostumbrada agudeza, «todos deseamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado». Otro síntoma no menos revelador es el modo en que muchos tratan a los ancianos: o los infantilizan, empujándolos a imitar actitudes juveniles que no les corresponden, o los marginan, porque a quien no produce se le considera prescindible.

 

«Todos deseamos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado» Quevedo

 

La corrección de esta visión solo puede venir de una captación más lúcida y justa de lo propio de cada edad de la vida. Si se comprende que la niñez, la juventud, la madurez y la vejez son formas genuinas de existencia humana —y no grados de un progreso que culmina en la productividad y luego decae—, la vejez dejará de verse como una pérdida y empezará a reconocerse como lo que es: la estación de la contemplación, acaso la más propiamente humana de todas.

 

-En el libro habla de la vejez como tiempo privilegiado para la contemplación y la lucidez. ¿En qué consiste esa contemplación bien entendida y qué peligros tendría confundirla con mera pasividad o resignación?

 

-Conviene deshacer de entrada un malentendido: contemplar no es no hacer nada. El propio Aristóteles hablaba sin reparo de la «actividad contemplativa». La contemplación se opone a la acción entendida como trabajo, producción, rendimiento; pero no es inoperancia. Es ejercitar la razón en su dimensión más contemplativa: tratar de entender la realidad, toda la realidad, desde su sentido último y más profundo. Como escribe San Agustín, la vida feliz es "gaudium de veritate": el gozo de la verdad. Pero no tiene solo un componente intelectual. La contemplación tiene como base la vida moral, la vida bien vivida, y como remate el deleite por lo verdadero y lo bello.

 

 

En la vejez, liberado de las urgencias de la vida activa, el anciano puede ejercer esta forma de vida en su forma más genuina y desinteresada. Señalo en el ensayo cuatro tareas contemplativas propias de esta estación. La primera es reconocer la propia vejez sin negarla ni rechazarla, acoger con serenidad la fragilidad creciente y aprender de ella lo que nos enseñó, por ejemplo, Edith Stein: que, a pesar de la progresiva pérdida de las fuerzas, «soy y soy mantenido en el ser de momento en momento, y en mi ser fugaz abrazo un ser que perdura». La segunda es hacer lo que aún corresponde hacer — y lo que acaso antes no se pudo hacer o hacer como uno hubiera querido —: cuidar a los seres queridos, cultivar amistades, disfrutar de la belleza, entregarse a la oración.

 

 Edith Stein: que, a pesar de la progresiva pérdida de las fuerzas, «soy y soy mantenido en el ser de momento en momento, y en mi ser fugaz abrazo un ser que perdura»

 

La portada del libro, que me sugirió mi mujer, Alicia, ilustra esta tarea de manera muy expresiva: reproduce una bella pintura del pintor suizo Albert Anker, titulada Abuelo con nieta dormida (1879). Solo un abuelo —y lo digo por experiencia propia— tiene tiempo para dejar que su nieta duerma plácidamente en sus brazos y, al mismo tiempo, pensar en el regalo que esa niña supone para su vida y, en definitiva, en el sentido último del vivir. La tercera tarea propia de la ancianidad es contemplar el pasado vivido: hacerse cargo de la propia historia con gratitud por los bienes recibidos, con arrepentimiento por los errores cometidos y con capacidad de perdonar los daños recibidos. Y la cuarta es afrontar el futuro, sea largo o breve, y hacer también lo que hoy tanto se quiere eludir: meditar sobre la propia muerte y sobre la de los seres queridos, llevar a cabo esa meditatio mortis que Sócrates identificó con la filosofía misma.

 

Ninguna de estas tareas tiene que ver con la pasividad o la resignación. Son quehaceres exigentes, a veces dolorosos. El anciano que las afronta no se abandona a la inercia: se enfrenta a la realidad acaso con mayor hondura que en ninguna otra etapa de su vida. Y lo que le aguarda, si las lleva a cabo, es lo que Séneca recomendaba a su amigo Lucilio: un ocio en el que se hacen «cosas mayores y más bellas que las que se han dejado atrás».

 

 

"Un ocio en el que se hacen «cosas mayores y más bellas que las que se han dejado atrás». Séneca a su amigo Licilio 

 

La vejez, por tanto, no es un apagamiento ni un declive sin forma propia: es la estación en que estamos llamados, de manera más plena que en ninguna otra, a ejercer lo que los antiguos consideraban la actividad más propiamente humana y la más feliz. No es un vacío; es una tarea, una tarea contemplativa. Y contemplar, como señalo en el ensayo, no es «no hacer nada»: es mirar la realidad desde sus raíces más hondas, desde su sentido último y más verdadero.





viernes, 20 de marzo de 2026

 

¡ QUÉ BIEN ESTAMOS JUNTOS!

 



 

Recordaba  esta mañana la expresión de Ricardo Marín en " El hijo de la novia" cuando mira con ternura a sus padres, ya mayores, vestidos de novios: ella con alzheimer y él con ganas de ofrecerle por amor lo único que le negó en vida: casarse ante Dios, en la iglesia y con sacerdote…Porque bien sabe que para ella eso era algo muy importante. Y el hijo los mira…Y ve en ellos toda una vida de amor sin aspavientos, de desvelos del uno por el otro. Y al mismo tiempo se contempla a sí mismo y contempla su desorientación, su fracaso… El agujero del que escapa Rafael, es fundamentalmente el de su propio ombligo: en cuanto aprende a utilizar  su corazón y a conjugar el pronombre «nosotros» (familia, amigos, pareja), su malestar o, mejor, su «malser» empieza a remitir. Cuando los problemas individuales son sustituidos por problemas compartidos entramos en el terreno de las auténticas relaciones humanas y de la existencia con verdadero sentido (dirección: el otro), y allí es donde, al final, consigue arribar felizmente el protagonista de este relato para iniciar, desde ese punto, un nuevo proyecto de vida.  

 

 Y desde lo más profundo, cuando mira a sus padres, sabe que detrás de lo que parece tan fácil,  hay mucha determinación, mucho sacrificio, mucha capacidad de renuncia y de perdón; y, sobre todo, mucha fortaleza: Todos esos  “ muchos “ son posibles, en buena parte, gracias a una personalidad sana, y en lenguaje más “ técnico”, con un grado notable de madurez afectiva y emocional.

 

Salta a la vista que en la sociedad actual el descontrol sustituye con facilidad a la capacidad de diálogo, adquiriendo un grado de crispación que nos afecta a todos y que, en ocasiones, nos impide a unos y a otros, poder exclamar de manera espontánea, en el día a día …

 

¡ Qué bien se está contigo ¡ ... y parece tan fácil...

Y contigo también … ¡ Gracias!

 

 

¡ Qué bien se está contigo!... ¿ De que depende ?

 

 ¿ Acaso es casualidad que algunos – niños primero, jóvenes y adultos luego – salgan abiertos, flexibles, capaces de reconocer sus fallos y de enfrentarse a los problemas que la vida les plantea, ¡ encantadores ! … y otros sean, en cambio, susceptibles, incapaces de aceptar y expresar lo que sienten,  “ incómodos “, desconfiados, y de convivencia tan difícil ? La respuesta no es simple. Porque todo lo que se refiere al desarrollo sano, armónico y maduro de la personalidad es un enigma incluso para los mejores educadores, psicólogos o psiquiatras.

 

 Todo lo que se refiere al desarrollo sano, armónico y maduro de la personalidad es un enigma incluso para los mejores educadores, psicólogos o psiquiatras.

 

Fernando Sarriás, en su libro " Temperamento, carácter y personalidad", en el  capitulo "Personalidad madura, normal, sana, feliz, escribe que después de un siglo de estudios científicos de la personalidad sin haber llegado a conclusiones aceptadas mayoritariamente, es fácil concluir que el conocimiento de la personalidad de cada individuo, esto es, la configuración y funcionamiento normal de la personalidad humana, es un estudio difícil. De momento, hemos de conformarnos con los retazos de conocimiento logrados y mantener la esperanza de un futuro mejor. 

 

En ese capítulo  expone un resumen de las ideas de varios renombrados investigadores sobre las carácteristicas de la personalidad de los sujetos considerados sanos y normales. Sobre el temperamento inciden la educación, las circunstancias, la sociedad y el ambiente familiar. También el colegio, clubs jubeniles promovidos por los padres para ayudar a las familias...sus efectos en el campo de la afectividad y la sensibilidad pueden ser significativos pero nunca tanto como los que el ambiente familiar es capaz de producir.

 

En la familia se educa por contagio: la sensibilidad se afina y la afectividad se desarrolla equilibradamente según sea lo que “ contagie” el ambiente familiar.. Por eso los padres debemos preguntarnos. ¿ qué contagia nuestro ambiente familiar ? ¿ qué componentes tiene el “ aire” que se respira? Si nos preguntamos cuales deberían ser los componentes de ese “ aire”, para  lograr el desarrollo sano y la maduración gradual de la personalidad de nuestros hijos, me gusta mucho la respuesta   de  Carmen Balmaseda a esa cuestión . A su modo de ver, el “ aire” deseable y sano que nuestros hijos deberían respirar tiene al menos cinco componentes:

 

El componente que contagia alegría, el que contagia la “frescura sana” de quienes expresan con naturalidad lo que sienten, de quienes saben decir: “ me pasa esto” o “ siento esto otro”...

 

 El componente que contagia sensibilidad hacia el bien, la verdad y la belleza. La sensibilidad, o la llevamos en la piel y en la mirada, o lo que hacemos y decimos se queda muy por debajo de los límites de nuestra humanidad. Y nuestra humanidad, normalmente, comienza en una familia que en esto de la sensibilidad, educa por contagio. Es un componente que enseña a mirar – no solo a ver – a escuchar con atención – no sólo a oír -, a valorar el bien, y respetar a la verdad.

 

El componente que ayuda a descubrir criterios rectos y valores firmes como la honradez, la lealtad, la laboriosidad, la justicia, el compañerismo, etc. Un “aire “ enriquecido con tales componentes, es un aire ciertamente saludable. 

 

 El componente que contagia amor y con el que se aprende a amar. Porque es el amor precisamente lo que más nos ayuda a madurar. Y en la medida en que pierdo la obsesiva preocupación por mí mismo, el campo que se abre es inmenso.

 

" Solo se vive una vez ". En la única vida que tenemos, podemos hacer el bien y sentirnos bien, o, por el contrario, hacer el mal y sentirnos mal. Si hacemos el bien, habitual y libremente, tenemos muchas posibilidades de vivir una vida feliz. Y, siendo felices, podremos transmitir felicidad y enseñar a los demás a ser felices.


Hacer el bien es más costoso que hacer el mal, y requiere, junto a una buena formación de la conciencia, que es la que juzga sobre lo bueno y lo malo, una voluntad fuerte, que pueda superar la resistencia de la afectividad tendente siempre a rechazar lo que cuesta.


En el epílogo del libro anteriormente citado, Fernando Sarráis escribe. " El buen comportamiento es consecuencia de tener una buena personalidad, lo que supone un equilibrio  o  armonia entre cabeza y corazón, es decir, entre inteligencia y voluntad, por una parte, y la afectividad, por otra.La razon necesita conocer el bien, esto es, lo que es bueno, hermoso y verdadero. También la voluntad necesita amar ese bien.. Y la afectividad necesita sentirse bien y no sentirse mal.Conseguir el equilibrio estre estas tres facultades es lograr una personalidad madura y sana. 

 

Como la mayoría de los aprendizajes, desarrollar una personalidad madura y sana requiere tener a la vista y habitualmente  buenos modelos que imitar, que estimulen y alienten a luchar por lograr ese objetivo de modo perseverante y al unisono por parte de todos los educadores. " Y en  primer lugar los padres. Recordemos la pelicula del " Hijo de la novia"


Como la mayoría de los aprendizajes, desarrollar una personalidad madura y sana requiere tener a la vista y habitualmente  buenos modelos que imitar,

 

 Qué importante es el " aire" que se respira en la familia ¡ Necesitamos ser amados ! Necesito ser amado, para afirmar mi propia existencia, para poder mantener la estima de mí mismo. Porque cuando alguien me ama, es como si me dijera: ¡ Qué bueno es que existas !  Y en la familia es importante  poder decir

 

 ¡ Que bien estamos juntos !

 

 

 



 

NO ESTÁ MUERTO, ESTÁ ENFERMO

 

 


 

El matrimonio está en crisis. La familia está en crisis. ¡ Cuantas veces hemos escuchado estas afirmaciones ! Manuales se discuten los escaparates de las librerías. Sus páginas, en muchos casos, no contienen otra cosa que malos remiendos con los que se quiere apuntalar un edificio en ruinas.

 

A pesar de lo que cuenten los expertos … ¡ tantas veces expertos del fracaso!  Aquí no sirven las recetas, nos sobran, pero nos faltan modelos. Necesitamos encontrar los materiales con la suficiente garantía para que sean capaces de resistir todos los vientos y  sus violentos seísmos.

 

El hombre se encuentra soportando los efectos de grandes enfermedades que, con caracteres de epidemia, se han propagado a la velocidad endiablada de las comunicaciones de este siglo.
 

 El hombre se encuentra soportando los efectos de grandes enfermedades

 

De una parte, el consumismo materialista más desenfadado. Es una sed insaciable de tener y de acaparar antes que de ser y de compartir. ¿ Existe acaso algún matrimonio que no incluya el apartamento propio, el sofisticado electrodoméstico…? Del “contigo pan y cebolla “ hemos pasado al “ no hay nada que hacer contigo mientras no tengamos dos cenas semanales con cuatro tenedores, estación de invierno y playa de moda”. ¿ Exagerado? ¿ Te has parado a pensar cuántos bolígrafos, rotuladores,… manejan tus hijos más pequeños? 

 

La otra enfermedad es contagiosa y repugnante. Una ola de sensualidad ha encenegado hasta los propios hogares, conducida por la cloaca que representan algunos programas de televisión.  Todo este materialismo y hedonismo ha ido trepando por todos nuestros centros nerviosos hasta contagiar la cabeza y producir lesiones gravísimas en el cerebro. Si antes, al hacer lo que pensaba, sentía dentro de mi un escozor de intranquilidad, lo mejor será pensar de acuerdo con mi  conducta y habré logrado la anestesia. Es pura morfina, la enfermedad sigue invadiéndonos pero no siento dolor.

 

 ¿ Cómo paro esta oleada?  Con un dique que se llama fortaleza. Fortaleza para cortar el programa de Tv. Fortaleza para no comprar a tu hija, con   tu dinero,  un pantalón que tiene que ponerse con calzador y esa blusa que es mil veces peor que si no llevara nada…

 

Ésta es la sintomatología del enfermo: El bien y el mal no son objetivos. “ así es si así os parece “ . Yo soy el legislador, yo marco las leyes de mi conducta al dictado de mi capricho. A la hora de juzgar, para qué buscar un juez independiente. Si la ley me la he fabricado a mi manera, la aplicaré a mi modo y con actitud compasiva. ¿ La moral ? Éste es un tema tan cambiante como la moda. Fíjate si estoy dispuesto a aceptar, que acato la moral de la mayoría. ¿ Principios? ¿ Fines ? ¿ Para que ? Yo soy el rey de mi existencia; el principio y fin de todas las cosas, y mi ombligo, la brújula y guía de todos mis actos.

 

Me uno a lo que dice Antonio Vázquez  respecto a esta epidemia:

Nos negamos a aceptar que el amor sea un producto de consumo que se toma en un mercado al cambio de un bienestar materialista.

No estamos dispuestos a admitir un enano reduccionismo que ha limitado el amor a unos simples impulsos sexuales, cuando no animales.

Nos están ofendiendo cuando piensan que somos incapaces de amar los compromisos.

Nos insultan cuando nos niegan la capacidad de superar obstáculos, vencer dificultades.

No queremos escuchar a los que nos dicen que somos el centro del universo.

 

Tenemos el suficiente realismo para conocer nuestra carga de limitaciones y la audacia necesaria para, conociéndolas, superarlas.

 

" No estamos dispuestos a conformarnos con que las leyes esenciales de la naturaleza, y por  tanto para la vida de la sociedad, sean allanadas y ridiculizadas por la fuerza de una mayoría. El hombre y la mujer no han cambiado. No es cierto que las modas cambien a los hombres; los fanatismos se suceden dejando una huella efímera; pero no vamos a ser frívolos como para atribuirles la capacidad de cambiar la naturaleza de los hombres. La moda no se inventó ayer. Séneca ya denunciaba que se corre más detrás de lo nuevo que de lo mejor; pero ese viejo tirano siempre es apuñalado por la espalda de la última novedad que está en la cola. “

 

Como vemos, hay muchas zarzas que arrancar para poder dejar abierto el surco para la siembra. Se han empeñado en robarnos la personalidad convirtiéndonos en manada y ya hemos vivido lo suficiente para caer en la cuenta de que no hay dos hombres  ni dos mujeres iguales, y es por tanto nuestra peripecia absolutamente singular e irrepetible,

 

 El hombre vive. El hombre no ha muerto. Está enfermo.

 

El hombre vive. El hombre no ha muerto. Está enfermo. Pero no hay cáncer capaz de destruir su dimensión infinita. Lo importante no es estar enfermo, lo verdaderamente esencial es querer curarse. Poner los medios para superar lo antes posible la enfermedad.

 

 

 


 

 

 

 

 


jueves, 19 de marzo de 2026



REENCUENTRO CON LA MATERNIDAD

 


 

 

 

 

Un pequeño fuego se convirtió en una hoguera, y un huracán convirtió la hoguera en incendio

 

Se enciende el fuego con Marcuse, un teórico del marxismo padre de la revolución sexual. Se echa leña al fuego en Occidente para difundir las ideas de Marcuse. Y se desata el huracán cuando hay personas que inmediatamente captan el aspecto económico de cualquier fenómeno, y se multiplicaron las empresas cuyo objetivo era la explotación del sexo: Laboratorios farmacéuticos, grupos editoriales suministradores de novela, revistas y toda clase de material pornográfico, empresas cinematográficas dedicadas a producir películas.A partir de un determinado momento los comunistas pudieron despreocuparse de su cruzada. Los capitalistas se habían convertido en los propagandistas y máximos difusores de la tesis marcusianas,  que asumieron la tarea de erotizar el ambiente. Y no olvidemos a Lenin: " Tenemos que destruir el instinto maternal."

 

Podemos pensar que estamos en un callejón sin salida, pero existe algo en el ser humano que se llama “ sentido común” y que gracias a él, las personas con sentido común están reaccionando. Con solo razonar un poco, vemos el falseamiento de los tres conceptos que sirvieron como base para encender aquella revolución cuyos efectos multiplicados todavía duran: Libertad, amor y felicidad. Al razonar un poco, son muchos los que estan cayendo en la cuenta del burdo engaño de que han sido objeto. ¡ Hay que confiar en Dios, y también en  el hombre !. Este sigue teniendo sentido común, y, aunque algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario: El hombre no ha dejado de ser racional.

 

 

  ¡ Hay que confiar en Dios , y también  en el hombre ! Este sigue teniendo sentido común, y, aunque algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario: El hombre no ha dejado de ser racional.

 
 
 
Ante este panorama, es necesario un reencuentro con el valor de la maternidad. Dios ha dispuesto hacer partícipe al varón y a la mujer de la creación, y ha dispuesto que se precise la colaboración de ambos, la interdonación de ambos en el acto de amor humano más sublime para llamar a la vida a un nuevo ser. La maternidad y la paternidad es una cuestión de dos. A Mónica López Barahona le gusta denominar al cigoto, el embrión de una sola célula, “ El Menor de la familia”, porque cree que, efectivamente, lo es. Es el hijo en la expresión biológica más pequeña, que es la expresión de una célula, y es el ser humano que se genera, como bien sabemos, tras la fecundación del espermatozoide al óvulo. Tras la fecundación del espermatozoide al óvulo comienza un evento apasionante que se denomina en términos biológicos desarrollo embrionario, y que, si se permite que continue a lo largo de sus 42 semanas, culminará con el nacimiento de un nuevo ser.
 
 
Cerremos los ojos por un instantee imaginemos ese encuentro fascinante entre la célula más pequeña, que es el espermatozoide, con la célula más apasionante y más majestuosa que hay en la especie humana, que es el óvulo. Hay millones de posibles recombinaciones genéticas que pueden darse en ese encuentro. Sin embargo, entre esos millones de posibilidades, será justamente tu hijo,  ese hijo. ¿ Alguien lo pensó y lo amó desde toda la eternidad ? Porque Dios llama a la vida a quienes amó como solo Él puede amar. Con un amor infinito y con un amor eterno. La frase de Jeremías lo recoge de una manera poética, profética y preciosa: “ Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí y te amé” 

 

 

“ Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí y te amé” .

 

 

La maternidad implica aceptar los hijos como un don, como el don más precioso de Dios. Y un don no es un derecho, es un don, que debe ser acogido, que debe ser aceptado, tal cual es amado por Dios. Eva lo entendió muy bien y así dijo: “ he alcanzado de Yahveh un varón “ ( Gen 4.1 ).  Es un don muy particular, es un don que no deja indiferente a quien lo recibe. Es un don que transforma. Es un don mediante el cual la mujer se convierte en madre y el varón se transforma en padre. Y esto ya dura para toda la vida, es un don que transforma y que configura, como madre  y como padre,  para toda la vida. ( Mónica López )
 
 
¿ La maternidad es un derecho ? ¿ Existe el derecho a  ser madre o existe el derecho a ser padres? Pues, la Donum Vitae ( instrucción de la Iglesia Católica publicada en 1987 )   creo que lo expresa de una manera muy bonita: " el hijo no es un derecho sino un don, el don más excelente del matrimonio. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido derecho al hijo. A este respecto, solo el hijo posee verdaderos derechos, el de ser fruto de acto especifico del amor conyugal de sus padres y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción "
  

Sin embargo, hoy, como todos sabemos, se puede generar un individuo de la especie humana, no solo por reproducción sexual sino también por fecundación in vitro, y también por clonación. Nada tiene que ver con lo que comentamos de la maternidad. Recomiendo la lectura de la encíclica  Evangelium vitae que es una gozada leerla, la verdad.
 

No hay nada más sublime, ni hay misión o delegación más extraordinaria, por parte del creador, que hacernos partícipes de ser el canal por excelencia de la transmisión de la vida. De la transmisión de la vida que Él soñó, que Él amó y de aquellos que Él quiere compartir su vida con nosotros y con nuestros descendientes por toda la eternidad. Es tan grande y tan inabarcable el misterio, que verdaderamente cuando uno se asoma tímidamnete ante él no puede por menos que conmoverse.






miércoles, 18 de marzo de 2026

 

ESPAÑA DE CONTRAPESO

 


 

 

Cuando Francia, a la que un día se le llamó “ hija primogénita de la Iglesia “, no sólo reniega de sus raíces cristianas, sino que ha decidido liderar la batalla a favor del aborto en Europa,  Nayeli Rodríguez ( coordinadora nacional de 40DPLV en España ) se pregunta qué lugar tiene España en este momento histórico en el que el aborto vuelve a ser tema candente.

 

 Italia se ha posicionado, no sin dificultad, como una mujer valiente cuya vida se la debe a otra mujer valiente, su madre, en un momento duro en el que ya tenía cita para abortar. A Giorga Meloni no le tembló el pulso a la hora de enfrentarse a Macron y al resto de la audiencia del G7, en su mayoría  hombres, cuando pretendía incluir la protección del aborto en las conclusiones de la cumbre, tema que no estaba previsto inicialmente a la agenda.

 

Esta claro que para unos y para otros es un tema que vuelve a despertar interés entre la opinión pública y entre los políticos. Aunque por desgracia en España el 70% de la población está a favor de este crimen y busca informarse poco o nada, no podemos decir que el gobierno actual favorezca la vida, ni siquiera que le sea indiferente, pues más bien parece  que, como Macron, ha decidido iniciar una cruzada a favor de la muerte como bandera de la que se enorgullece. Por lo tanto, está claro que no podemos esperar que la transformación próvida en España provenga de la clase política. Y quizá nos hemos acostumbrado demasiado a delegarle estas cuestiones fundamentales que no solo nos afectan a todos, sino que no le corresponden, opina Nayeli

 

En España el 70% de la población está a favor de este crimen y busca informarse poco o nada

 

 

Durante la última legislatura se han apresurado y blindado un largo listado de leyes que atentan contra la vida y la familia a una velocidad sin precedentes. Ante esta situación, volvamos a preguntarnos, ¿ qué lugar y qué responsabilidad tiene España en este momento histórico ? Si no podemos esperar a que el cambio venga de nuestros políticos , que ya han elegido su bando, nos toca a nosotros posicionarnos y tomar responsabilidad

 

 

En palabras de Nayeli: “ Esta es una lucha de valientes que no es fácil, pero que alivia el corazón herido de Cristo. Si algo he visto estos cinco años de servicio en 40 Días por la Vida es que la oración tiene más fuerza que nada y que la transformación está llegando…me atrevo a decir que la oración funciona porque lo he visto. He visto que la oración transforma corazones, salva vidas y almas, agita conciencias…en los abortorios, en los barrios y en la clase política. “

 

Si, vivimos tiempos difíciles, pero por eso ahora más que nunca nuestra oración y compromiso son fundamentales.

 

Que la España católica y próvida sirva de contrapeso en Europa y que en su transformación interna arrastremos a los demás.

 

 

Por pequeños que parezcamos, tomemos conciencia de nuestro  lugar en la misión histórica y actual de España. Si Francia ha decidido encabezar la lucha a favor del aborto, tomémonos en serio que la España católica y próvida sirva de contrapeso en Europa y que en su transformación interna arrastremos a los demás. No se trata de creer en nosotros o en nuestras capacidades, sino en la promesa de Cristo: “ Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes” Seamos fieles a la promesa.

 

 


 

 


lunes, 16 de marzo de 2026

 

El MOTOR DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL

 

  

Escribe Tomás Melendo en su libro titulado “ La hora de la familia”: ” El futuro de la sociedad se juega, en la familia. Y el de la familia, por su parte, se halla invisiblemente unido al de la entera  sociedad. De ahí que pudiera afirmar Chesterton, con palabras sucintas a la par que decididas: “ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación “

 

“ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación “


 La familia constituye la fuente insustituible de donde surgirá la civilización del amor  reclamada con insistencia por San Pablo VI y por San Juan Pablo II. Hay que decirlo muy alto: si semejante renovarse de la civilización no brota de ella, de la familia, no brotará en absoluto; la revolución que debemos fraguar, o será familiar o simplemente no será. Y en este sentido, resulta del todo resolutiva la afirmación ya famosa del Romano Pontífice: “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”  

 

 “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre” 


 Sin familia no hay persona plena, cabal; sin persona, por su parte, desaparece la sociedad civil como agrupación humana auténtica. Si queremos revitalizar la sociedad, debemos empeñarnos en dar respuesta a las amables exigencias de Juan Pablo II, cuando exclamaba: " ¡Familia, sé lo que eres! ". No hay otro camino.


" ¡Familia, sé lo que eres! "

 

Si echáramos un vistazo a la civilización de las ultimas centurias, advertiriamos sin gran esfuerzo un  creciente proceso de des - personalización que ha contado con grances teóricos. Semejante proceso destructivo se ha venido llevando a cabo de dos maneras complementarias, el olvido de Dios;  el abandono del amor, de la amistad, como principal fuerza configuradora de los entramados sociales. 

 

" La lucha contra Dios " se vuelve contra el hombre, lo estamos viendo en las dolencias que aquejan a la civilización presente: infelicidad, desequilibrios psíquicos, divorcio, aborto , genocidios a gran escala, violentas manipulaciones físicas, psíquicas y genéticas... En el combate  del hombre contra Dios, en el propósito de divinizarse al margen de toda intervención de Él, es la propia persona la que se automutila, y acaba por perder el vigor que la conduciría hacia la felicidad. 


¿ Y cuál es el arma rompedora con que cuenta la familia ? Lo que sólo ella está capacitada para  ofrecer a la bancarrota en que parece haber desembocado el mundo contemporáneo se expresa en una sola palabra: persona.  ¿ Cómo hacerlo ?, como lo hicieron los primeros cristianos: personalmente. Vivieron en un ambiente lleno de idolatria y de corrrrupción. No comenzaron intentando echar abajo instituciones (como la exclavitud, por ejemplo)  y escuelas de pensamiento, muchas veces injustas e incluso ignominiosas;  empezaron cambieando los corazones, y esos corazones fueron cambiando luego muchas cosas.


Chesterton, por ejemplo, fue ya  consciente de que el enemigo número uno de la familia no habría que buscarlo afuera, en esas fuerzas enormes y avasalladoras que derrumban sociedades enteras. Los mismos extremos del capitalismo, del socialismo y de la  sociedad de consumo, apenas tienen relevancia en comparación con el enemigo interior al ser humano. El enemigo del amor y de la familia es uno mismo. Según Chesterton, es la falta de desarrollo interior humano, la pobreza de espíritu, el aburrimiento y la frivolidad, la asombrosa ausencia de imaginación, la que lleva a hombres y mujeres a desesperar de la familia y del matrimonio, o por lo menos, de su familia y de su matrimonio tal como lo experimenta


  

 El verdadero protagonista de la mudanza universal que está a punto de llevarse a término en nuestra civilización es, pues, uno mismo, cada uno. 


" No quieras influir en eso que llaman la marcha de la cultura, ni en el ambiente social, ni en tu pueblo, ni en tu época, ni mucho menos en el progreso de las ideas, no , sino en el crecimiento de las almas, de cada alma, en una sola alma y basta. Lo uno es para vivir en la Historia; para vivir en la eternidad lo otro (...) Coge a cada uno, sí puedes, por separado y a solas en su camerín, e inquiétalo por dentro, porque quien no conoció la inquietud, jamás conocerá el descanso. Sé confesor más que predicador. Comunicaté con el alma de cada uno y no con la colectividad" 

                        ( Miguel de Unamuno, ¡ Adentro!