lunes, 9 de marzo de 2026

 

DIOS HIZO UN GRAN  MILAGRO CONMIGO...

 




 

 

Tuve la gran suerte, de asistir al 8º Congreso Internacional para voluntarios líderes del movimiento 40 DPLV que tuvo lugar en Barcelona el febrero 2025, y que reunió a cerca de 200 participantes, con el  objetivo es tejer comunidad y coger fuerzas para las próximas campañas de oración y ayuno frente abortorios.

Allí  escuché a Ramona Treviño que cuando tenía 30 años entró a trabajar como gerente de un centro de referencia de Planned Parenthood, el mayor proveedor de abortos de Estados Unidos. «En mi edificio no practicábamos abortos, así que me mentía a mí misma diciéndome que estaba ayudando a prevenirlos», relataba Treviño, que hoy trabaja como Outreach Director de la organización 40 Días por la Vida.

Treviño –tercera generación de una familia hispana y católica– se justificaba diciendo que ella personalmente no optaría por un aborto, pero que defendía «el derecho de la mujer a escoger». Una justificación que se tambaleó en 2011, cuando 40 Días por la Vida organizó una campaña frente al centro donde trabajaba, en la ciudad de Sherman, en el estado de Texas, en los EEUU.

 

 


«A través de esa campaña, la gracia de Dios se derramó sobre mí; abrió mis ojos a la verdad»

 


«A través de esa campaña, la gracia de Dios se derramó sobre mí; abrió mis ojos a la verdad», recuerda, y señala que en aquel momento se rompió el armazón de razonamientos sobre el que sustentaba su jornada laboral. «No quería confrontar el hecho de que estaba ayudando a mujeres a acabar con la vida de sus bebés, porque darte cuenta de que has sido cómplice en acabar con vidas inocentes es una realidad sombría, una carga pesada», explicaba.

Un peso sobre sus hombros del que pudo librarse, asegura, gracias a la misericordia divina. Literalmente: «El 1 de mayo de 2011, yo estaba en misa, pero no sabía que aquel día era la fiesta de la Divina Misericordia, y también la beatificación de Juan Pablo II». Durante la Eucaristía, ocurrió algo en el momento de la consagración: «Escuché en mi interior la voz de Dios que me decía: ‘Ramona, te perdono, ten fe en mí’, y cuando lo escuché, supe que también tenía que perdonarme a mí misma», relata.

Con todo, puntualizaba que «fue más fácil aceptar el perdón de Dios que perdonarme a mí misma», y que a raíz de aquello comenzó un proceso de sanación que hundía sus raíces en su infancia. Tras su caída del caballo, además, Treviño decidió abandonar su puesto de trabajo en Planned Parenthood: «Fue un gran salto de fe», aseguraba. Y uno que en el futuro inmediato se reveló acertado, ya que tres meses después, el centro en el que trabajaba cerró sus puertas: «Milagroso».

Preguntada por las críticas que se vierten sobre 40 Días por la Vida desde instituciones, que tildan a las personas que rezan frente a los abortorios de ser acosadores, Treviño insiste: «40 Días por la Vida es pacífico, no hay ninguna agresión, más allá de lo que ellos perciban», y asegura que «si atacan este movimiento, es porque funciona».

Bajo su punto de vista, como extrabajadora de un centro, «la presencia de alguien rezando pacíficamente en la acera desafía el corazón de quienes trabajan dentro». «Si eres un empleado y hay algo ahí que te molesta y te quita la paz, es tu conciencia, porque los de fuera no te están acusando de nada».

,
 "la presencia de alguien rezando pacíficamente en la acera desafía el corazón de quienes trabajan dentro».

 En la revista Misión de este trimestre le realizan una entrevista en la que responde así a dos de algunas preguntas :
¿Era consciente de que estaba autorizando el asesinato de bebés?

Sí, recuerdo a una pareja joven, de unos 19 años, al poco tiempo de empezar a trabajar. Ella estaba embarazada y la felicité, pero había elegido la opción del aborto. La chica se puso a llorar y yo sólo pensaba en la manera de limpiarme las manos para que la responsabilidad recayera sobre ella. Le di la autorización y se fueron. Después me encerré en mi despacho a llorar sin entender por qué. Hoy creo que fue el dolor de saber que ese bebé iba a morir y yo no lo había impedido

Escuché en la radio un anuncio sobre la campaña de oración que 40 Días por la Vida haría en cuaresma frente a mi centro. Pensé que era el momento para pedir ayuda.

¿Así lo hizo?

Al tercer día de verlos ahí rezando me decidí y salí. Me acerqué a una mujer y le dije que trabajaba en la clínica, que no quería seguir, que rezara por mí. Entonces, se acercó un hombre, el encargado de las vigilias de oración de ese punto. Hablé con él y le di permiso para que compartiera mi historia y rezaran por mí. Lo curioso es que aquella señora no formaba parte de la campaña, sino que el Espíritu Santo le había puesto en su corazón ir allí a rezar. Nunca más la volví a ver.

 

A partir de ahí ¿fue fácil seguir?

 

Para nada. Cuando uno elige a Dios el enemigo viene a atacar. Pasamos muchas dificultades. Tuve un par de trabajos porque no era capaz de quedarme sin hacer nada. No sabía para dónde tirar y le rogaba a Dios que me iluminara. Y lo hizo. Me dijo que me quedara quieta, que Él iba a cuidar de mí. Me quedé de ama de casa hasta que una amiga me dijo: “Ramona, ofrece todo eso a Dios”, y así fui aprendiendo a ponerlo a Él en el centro de mi vida. Me di cuenta de lo importante que es ser madre y estar en casa. Aprendí a hacer Su voluntad.

 

Y ahora, ¿a qué se dedica?
 

Trabajo para 40 Días por la Vida. Doy conferencias y ayudo a personas que han pasado por mi situación. Además, sigo rezando por el fin del aborto.

 


Dios hizo un gran milagro, seguramente  fruto de mucha oración

 

 María Angeles Bou



No hay comentarios:

Publicar un comentario