lunes, 16 de marzo de 2026

 

LA FAMILIA MOTOR DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL

 

 


 

 

 Somos muchos los que de labios de San Juan Pablo II  que había llegado para toda la civilización occidental “ la hora de la familia” . El mensaje estaba claro. Y para ello hay que mostrar por qué y cómo la familia ha de transformarse en actor primordial e insustituible de la radical mudanza que una sociedad está pidiendo a gritos. Es necesario ir a la raíz. Es decir, atendiendo a la naturaleza más intima y definidora de la familia y de la sociedad civil contemporánea.

 

La familia como motor de la revolución social, por tanto.

 

Ciertamente, y de forma casi instintiva, al analizar las relaciones entre la familia actual y el entorno que la encuadra, se esboza una primera actitud de defensa, por cuanto la institución familiar se encuentra sometida de un tiempo a esta parte a un deterioro activo de deterioro. O, con palabras más claras, por cuanto se configura como el centro innegable de los ataques destructores de toda una civilización.  

 

   La institución familiar se encuentra sometida de un tiempo a esta parte a un proceso  activo de deterioro. O, con palabras más claras, por cuanto se configura como el centro innegable de los ataques destructores de toda una civilización.

 

A los efectos, hace ya bastantes lustros que escribía Charles Péguy: “ Sólo hay un aventurero en el mundo, como puede verse con diáfana claridad en el mundo moderno: el padre de familia. Los aventureros más desesperados son nada en comparación con él. Todo en el mundo moderno está organizado contra ese loco, ese imprudente, ese visionario osado, ese varón audaz que hasta se atreve en su increíble osadía a tener mujer y familia. Todo está en contra de ese hombre que se arriesga a fundar una familia. Todo está en contra suya. Salvajemente organizado en contra suya… ÉL y sólo él está de verdad involucrado en las cosas del mundo. La única aventura que existe es la suya. Los demás están involucrados con sus cabezas, es decir, con nada. El que es padre lo está con todos sus miembros. Los demás sufren por sí mismos. Sólo él sufre a través de otros. Los padres sufren en cada situación. Sufren por todas partes. Sólo ellos han agotado – el sufrimiento temporal. Los que no han tenido un hijo enfermo, no saben lo que es la enfermedad, Los que no han perdido a un hijo, los que no han visto a su hijo muerto, no saben lo que es el dolor. Y tampoco saben lo que es la muerte”

 

Pienso que la cita es de una verdad y una belleza poco comunes. Fijémonos en las ideas subrayadas. ¿ Nos hallamos ante una especie de hipérbole, fruto del ardor literario de nuestro poeta?  Pienso que no., en absoluto. Pero esto no sería sino una prueba de la principalidad de la familia en la configuración y en el despliegue de la sociedad en su conjunto. El futuro de la sociedad se juega, en fin de cuentas, en la familia. Y el de la familia, por su parte, se halla indisolublemente unido al de la entera sociedad. De ahí que pudiera afirmar Chesterton, con palabras sucintas a la par que decididas: “ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación”

 

 

 

Chesterton: “ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación”

 

 

 

Es precisamente esta última afirmación  la que nos encamina hacia la actitud más adecuada y definitiva  “ ante el cambio social” . Y, así, al planteamiento de defensa antes esbozado – un tanto tímido y, al término, bastante ineficaz -, se sobrepone otro de ataque, amablemente agresivo, en función, justamente, del bien global de la humanidad presente y futura.

 

La familia constituye la fuente insustituible de donde surgirá la civilización del amor  reclamada con insistencia por San Pablo VI y por San Juan Pablo II. Hay que decirlo muy alto: si semejante renovarse de la civilización no brota de ella, de la familia, no brotará en absoluto; la revolución que se está fraguando, será familiar o simplemente no será. Y, en este sentido, resulta del todo resolutiva la afirmación ya famosa de San Juan Pablo II: “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”

 

 

 

San Juan Pablo II: “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”

 

 

 

La familia resulta insustituible para la plena personalización de cada sujeto humano por dos motivos complementarios e interdependientes.  Por cuanto, desde la concepción hasta la muerte, establece las condiciones ineludibles para que el hombre pueda amar, entregándose; y por cuanto, también desde sus primeros pasos, se empeña activamente en enseñarle a hacerlo. Requisitos ambos imprescindibles para que el hombre realice su vocación como persona, como “ principio y término de amor “

 

Y en este empeño por ir a la raíz, Es decir, atendiendo a la naturaleza más intima y definidora de la familia y de la sociedad civil contemporánea, grabemos en la memoria lo que escribió San Juan Pablo II, en “ Carta a las familias, n 20 “

 

Nuestra civilización ( …) debería darse cuenta de que, desde diversos puntos de vista, es una civilización enferma, que produce profundas alteraciones en el hombre. ¿ Por qué sucede esto? La razón está en el hecho de que nuestra sociedad se ha alejado de la plena verdad sobre el hombre, de la verdad sobre lo que el hombre y la mujer son como personas (…). El ser humano no es el presentado por la publicidad  y por los modernos medios de comunicación social. Es mucho más, como unidad psicofísica, como unidad de alma y cuerpo, como persona. Es mucho más por su vocación al amor, que lo introduce como varón y mujer en la dimensión del “ gran misterio”

 

A tenor de lo expuesto cabe determinar el camino profundo, radicalísimo, por el que la familia ha de ir conformando positivamente a la sociedad en cuanto tal, en cuanto conjunto armónico de personas.  El papel especifico de la familia, en relación a este punto, consiste en hacer posible la sociedad hondamente humana.

 

 

 



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