sábado, 14 de marzo de 2026

CASARSE O VIVIR JUNTOS

 

 


 

El mundo actual se caracteriza por un miedo brutal al compromiso matrimonial. Son numerosas las causas que explican dicho miedo, que  pueden resumirse en una sola: miedo a perder mi autonomía y mi libertad. Si lo único que quiero en este mundo es que nadie me diga lo que tengo que hacer,  que nadie me controle,  que nadie me moleste ni incomode me daré de bruces con la realidad, y esa no será otra que las más profunda de las soledades.

 

Reconozcamos que el matrimonio, hoy en día, no goza de la fama ni del prestigio que se merece. Y de un tiempo a esta parte uno se topa con "influencers" de todo a cien, que defienden que el matrimonio es una institución caduca e inhumana fundada por un heteropatriarcado  machista. Un ejemplo clave de esta postura es la pensadora radical Kate Millet en su obra fundamental Política sexual, publicada en 1970. El problema es que la realidad parece empeñada en demostrarnos lo contrario.

 

El matrimonio no es una institución propia de una determinada ideología, cultura o religión. Es una institución humana y, como tal, aparece en todas las civilizaciones  de la tierra implantándose allá donde dos personas se desean amor eterno. 

 

Y es que cuando uno se enamora, lo quiere para si. Y ese deseo, lejos de ser egoista, se convierte en una de las mayores fuentes de generosidad con las que nos podemos encontrar en la vida. Cuando el amor es correspondido, cuando uno o una se enamoran y se entregan. Cuando se juran dicho amor  surge una chispa de satisfacción que pocas cosas puede igualar.  Ahí radica la fuerza del rito matrimonial. 

 

 Irse a vivir juntos no tiene absolutamente nada que ver con casarse, aunque la pareja esté unida por un hijo o por una hipoteca . El compromiso es otra cosa

 

Por eso irse a vivir juntos no tiene absolutamente nada que ver con casarse, aunque la pareja esté unida por un hijo o por una hipoteca . El compromiso es otra cosa. Es decirle  al otro que me conoce que he encontrado aquello que llevaba tanto tiempo buscando. Parafraseando a Joaquín Sabina , podemos gritar a los cuatro vientos ” Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere, mata, porque amores que matan nunca mueren” Pocas definiciones más atinadas de lo que es un amor de verdad.

 

 No hay mayor aventura y satisfacción que intentar hacer la persona más feliz del mundo a aquel o aquella que decidió decirme que sí cuando yo me atreví a abrir mi corazón

 

Reivindiquemos el matrimonio como lo que es. Una forma de vida que jamás podrá desaparecer, pues es  el mejor sistema para que las personas crezcan, se sientan amadas y aprendan a querer. Enseñemosles a los que quieran escucharnos que, si el amor es verdadero y las ideas están claras, uno debería eternizar los noviazgos  ni plantear la boda como un punto final. Tras la boda empieza todo. Pues el amor de enamoramiento inicial dará lugar a otro tipo de relación mucho más madura, auténtica y verdadera . Un proyecto de vida común donde puedo compartir todo lo que me preocupa y me interesa con una persona que me conoce mucho mejor de lo que yo me conozco a mi mismo. Una persona que sabe como ayudarme y cómo corregirme. En definitiva, una persona que me amará con mucha más intensidad y fuerza con la que yo podré quererme.

 

Millones de casos lo avalan. No hay mayor aventura y satisfacción que intentar hacer la persona más feliz del mundo a aquel o a aquella que decidió decirme que sí cuando yo me atreví a abrir mi corazón