lunes, 16 de marzo de 2026

 

El MOTOR DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL

 

  

Escribe Tomás Melendo en su libro titulado “ La hora de la familia”: ” El futuro de la sociedad se juega, en la familia. Y el de la familia, por su parte, se halla invisiblemente unido al de la entera  sociedad. De ahí que pudiera afirmar Chesterton, con palabras sucintas a la par que decididas: “ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación “

 

“ Si queremos preservar la familia debemos revolucionar la nación “


 La familia constituye la fuente insustituible de donde surgirá la civilización del amor  reclamada con insistencia por San Pablo VI y por San Juan Pablo II. Hay que decirlo muy alto: si semejante renovarse de la civilización no brota de ella, de la familia, no brotará en absoluto; la revolución que debemos fraguar, o será familiar o simplemente no será. Y en este sentido, resulta del todo resolutiva la afirmación ya famosa del Romano Pontífice: “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”  

 

 “ Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre” 


 Sin familia no hay persona plena, cabal; sin persona, por su parte, desaparece la sociedad civil como agrupación humana auténtica. Si queremos revitalizar la sociedad, debemos empeñarnos en dar respuesta a las amables exigencias de Juan Pablo II, cuando exclamaba: " ¡Familia, sé lo que eres! ". No hay otro camino.


" ¡Familia, sé lo que eres! "

 

Si echáramos un vistazo a la civilización de las ultimas centurias, advertiriamos sin gran esfuerzo un  creciente proceso de des - personalización que ha contado con grances teóricos. Semejante proceso destructivo se ha venido llevando a cabo de dos maneras complementarias, el olvido de Dios;  el abandono del amor, de la amistad, como principal fuerza configuradora de los entramados sociales. 

 

" La lucha contra Dios " se vuelve contra el hombre, lo estamos viendo en las dolencias que aquejan a la civilización presente: infelicidad, desequilibrios psíquicos, divorcio, aborto , genocidios a gran escala, violentas manipulaciones físicas, psíquicas y genéticas... En el combate  del hombre contra Dios, en el propósito de divinizarse al margen de toda intervención de Él, es la propia persona la que se automutila, y acaba por perder el vigor que la conduciría hacia la felicidad. 


¿ Y cuál es el arma rompedora con que cuenta la familia ? Lo que sólo ella está capacitada para  ofrecer a la bancarrota en que parece haber desembocado el mundo contemporáneo se expresa en una sola palabra: persona.  ¿ Cómo hacerlo ?, como lo hicieron los primeros cristianos: personalmente. Vivieron en un ambiente lleno de idolatria y de corrrrupción. No comenzaron intentando echar abajo instituciones (como la exclavitud, por ejemplo)  y escuelas de pensamiento, muchas veces injustas e incluso ignominiosas;  empezaron cambieando los corazones, y esos corazones fueron cambiando luego muchas cosas.


Chesterton, por ejemplo, fue ya  consciente de que el enemigo número uno de la familia no habría que buscarlo afuera, en esas fuerzas enormes y avasalladoras que derrumban sociedades enteras. Los mismos extremos del capitalismo, del socialismo y de la  sociedad de consumo, apenas tienen relevancia en comparación con el enemigo interior al ser humano. El enemigo del amor y de la familia es uno mismo. Según Chesterton, es la falta de desarrollo interior humano, la pobreza de espíritu, el aburrimiento y la frivolidad, la asombrosa ausencia de imaginación, la que lleva a hombres y mujeres a desesperar de la familia y del matrimonio, o por lo menos, de su familia y de su matrimonio tal como lo experimenta


  

 El verdadero protagonista de la mudanza universal que está a punto de llevarse a término en nuestra civilización es, pues, uno mismo, cada uno. 


" No quieras influir en eso que llaman la marcha de la cultura, ni en el ambiente social, ni en tu pueblo, ni en tu época, ni mucho menos en el progreso de las ideas, no , sino en el crecimiento de las almas, de cada alma, en una sola alma y basta. Lo uno es para vivir en la Historia; para vivir en la eternidad lo otro (...) Coge a cada uno, sí puedes, por separado y a solas en su camerín, e inquiétalo por dentro, porque quien no conoció la inquietud, jamás conocerá el descanso. Sé confesor más que predicador. Comunicaté con el alma de cada uno y no con la colectividad" 

                        ( Miguel de Unamuno, ¡ Adentro!