sábado, 18 de abril de 2026

RECUPERAR ESPACIOS DE AUTÉNTICA

LIBERTAD EN ESPAÑA

 

 


 

Puede tratarse del derecho a la vida, de la educación, de la manipulación genética o de la formación sexual; pero cada vez que se debaten cuestiones con repercusiones morales y sociales, se oye el mismo argumento. En un país como España, donde el Estado no es confesional, las leyes han de hacerse prescindiendo de cualquier visión trascendente de la persona, pues hay que legislar para todos. O sea, las leyes han de ser “ laicas” ( Así se dice, empleando un término tomado de la teología católica ). Y se sienta este principio para mayor gloria de la libertad.

 

Es decir, se habla de la libertad como si no existiera antes ninguna verdad. Ocurra lo que ocurra en la sociedad, no puedo hacer nada que suene a dogmatismo o a ortodoxia impuesta, pues sólo se llegaría a la verdad a través de la libertad. Intervino, por ejemplo, un representante del laicismo español en el Senado criticando los idearios educativos: “ Desde dónde se impone ese ideario? ¿ Desde determinadas Órdenes e instituciones religiosas ?. El ideario, para muchos de nosotros, no es otro que la verdad. Y ¿ qué es la verdad ? La verdad, la búsqueda de la verdad, es la libertad.

 

Este particular dogmatismo es, de hecho, la ortodoxia admitida por una parte de los pensadores actuales, cualquiera que lo ponga en duda corre el riesgo de ser perseguido como un hereje. Pero el conocido polemista inglés, Christopher Derrick, tiene el valor suficiente para correr ese riesgo  e insinuar: “ No es necesariamente toda la verdad el decir que la libertad nos conduzca a la verdad. Hubo, por lo menos, un hombre inteligente – un sabio o profeta considerado divino por sus seguidores – que vio la cosa al revés y dijo :” La verdad os hará libres” 

 

 

 “ No es necesariamente toda la verdad el decir que la libertad nos conduzca a la verdad. Hubo, por lo menos, un hombre inteligente – un sabio o profeta considerado divino por sus seguidores – que vio la cosa al revés y dijo :” La verdad os hará libres”( Derrick)



 La libertad se encuentra esencialmente comprometida con un verdadero conocimiento acerca de la naturaleza y del destino del hombre. La formación del ciudadano en la libertad debe apoyarse en una convicciones firmemente aceptadas, tiene que construirse necesariamente sobre el axioma de que la verdad hace al hombre libre. Por tanto, presupone que se hayan captado antes las verdades fundamentales. Y la primera verdad fundamental consiste en saber que el escepticismo y el relativismo sistemáticos no son ciertos, aunque lo proclamen así los laicistas, y que la libertad del hombre posee unos fines personales, sociales y trascendentes

 

 Los partidarios del laicismo han descubierto una manera de legislar para todos que consiste, simplemente, en hacer leyes que prescindan por completo de los principios trascendentes o morales y se atengan sólo a lo que piensen ellos. De esta forma, tratan de instaurar en España un confesionalismo laicista que pretende librarnos de los horrores de la teocracia, ignorando que su propuesta es también un credo particular, un método no muy diferente del que empleaba Jomeine por ejemplo  con los musulmanes. Ingenuamente creen que, a base de eliminar todo ingrediente religioso, el Parlamento o el Gobierno obtiene un menú aceptable para todos. Pero lo cierto es que el chef  laicista elabora no unos platos neutros, sino unos guisos muy determinados, con un sabor ideológico inconfundible.

 

 La lógica de la libertad debe desenmascarar las trampas que dificultan su desarrollo. Porque una cosa es la aconfesionalidad del estado y otra muy distinta la descalificación civil de criterios éticos por tener raíz religiosa. “Todavía hay muchos defensores del laicismo – escribe Yepes Stork -, pero mucha gente siente la necesidad de volver a unos valores más permanentes que la pura libertad de la cada uno crea y haga lo que quiera, porque los abusos a que esto ha conducido son muchos”. Lo importante ahora es recuperar espacios de auténtica libertad en España.

 

Como muy acertadamente escribe Don Jorge Fernández Díaz hoy en su articulo de opinión publicado en la La Razón titulado “ Pp y Vox. Sánchez pacta en “ Defensa de la Democracia” : “ … No es un ejemplo positivo que quienes son elegidos para materializar una alternativa política al sanchismo se comporten más como adversarios políticos entre ellos que como necesarios aliados – por supuesto con sus lógicas diferencias- para lo que fueron elegidos por los votantes. Y caer en la trampa de considerar a Vox como la encarnación de la “ ultraderecha” a quien se pretende expulsar del espacio de lo “ políticamente correcto” por parte de formaciones cuyo ADN ideológico es el comunismo marxista, condenado por el Parlamento Europeo junto al nazismo, como causantes de los mayores regímenes totalitarios y responsables de millones de muertos… “

 

 La conducta humana puede orientarse hacia hábitos contrarios a la naturaleza, porque el hombre tiene la capacidad de utilizar su libertad contra sí mismo. Los casos de alcoholismo o de adicción a la droga… son paradigmáticos. La persona queda así abocada progresivamente a una situación que no domina. Más que ser libre ante las cosas o los individuos, acaba siendo esclava de ellos. esos hábitos nunca son liberadores, nunca amplían la libertad, sino que la reducen. Las virtudes son hábitos que liberan personal y socialmente.

 

Esto significa que el ciudadano tiene el deber de crecer en su libertad mediante la conquista de los hábitos. Y posee igualmente el deber de que los otros hombres adquieran más libertad, y por tanto, más hábitos liberadores: la libertad de los demás es el objetivo de mi libertad.

 

Pero además, la libertad apunta a objetivos  que tienen carácter social, o netamente político en el más noble sentido de la palabra. “ La libre realización de mi ser – afirma Llano – queda esencialmente truncada si – por violencia externa o por imprudente renuncia personal  - se mantiene ligada al estrecho horizonte de mi particular interés (…) Porque la calidad ética de mi libertad no depende de la ausencia de vínculos, sino justamente de la relevancia y de la proyección de unos compromisos libremente asumidos”.

 

 A la vista de los acontecimientos de la Europa del Este y del derrumbamiento general del marxismo, tal vez comience a resultar anacrónico hablar de un tipo de civilización materialista. Los representantes del laicismo deberían quizá tomar sus notas ante un imperio que trataba de cerrar el paso a los valores trascendentes y conculcaba los derechos de la persona humana. Así lo subraya  Vaclav Havel en su libro Essais politiques . Sus  escritos no son sólo una defensa de la libertad en Checoslovaquia; son una llamada a la renovación interior del hombre y a abordar la política desde fundamentos morales, superando la trágica división entre ética y política defendida por Maquiavelo hace casi cinco siglos.

 

 En un mundo que ha relativizado los valores morales, la revolución ética aparece como un contrapunto necesario. Escribe Yáclav Havel  : “ Decir que una cosa es de esencia o de origen ético es decir que no lo hacemos por razones “ pragmáticas”, porque estamos seguros de que puedan salir bien a corto plazo, dar resultados tangibles, verificables, materiales; sino simplemente porque creemos que es buena. La motivación ética nos empuja a hacer el bien por principio, por amor al bien. Ella se basa en nuestra convicción de que el bien como tal tiene siempre un sentido. La certeza intima de que una acción es buena nos inspira la convicción de que vale la pena intentarla, aunque pueda fracasar “

 

 Aunque los ciudadanos traten de edificar libremente una sociedad más humana, en un mundo con más paz, donde no se desprecien los valores absolutos, es natural que no se resuelvan completamente los problemas comunes, o que surjan otros nuevos. Lo decisivo es seguir luchando, día a día, sin desfallecer, sabiendo que las metas de una revolución ética exigen un esfuerzo participativo constante. Pero siempre cabe confiar en la capacidad de los hombres para configurar una persona mejor y una sociedad más justa. Como concluye Václav Havel: “ Los objetivos son infinitos, y son infinitos porque son éticos”