jueves, 19 de marzo de 2026

 

 NO HA MUERTO. ESTÁ ENFERMO


 


 

 

El matrimonio está en crisis. La familia está en crisis. ¡ Cuantas veces hemos escuchado estas afirmaciones con el engolamiento de la rotundidad o el desencanto y la desesperanza . Manuales se discuten los escaparates de las librerías. Sus páginas, en muchos casos, no contienen otra cosa que malos remiendos con los que se quiere apuntalar un edificio en ruinas. A pesar de lo que cuenten los expertos … ¡ tantas veces expertos del fracaso!  Aquí no sirven las recetas, nos sobran, pero nos faltan modelos. Necesitamos encontrar los materiales con la suficiente garantía para que sean capaces de resistir todos los vientos y con la flexibilidad necesaria para estar a prueba de sus violentos seísmos.

 

Pieper lo dice de una forma rotunda:

 

“ no hay nadie que sepa lo que es el amor si no tiene en cuenta y sabe lo que es la naturaleza del hombre y su destino”

 

 

Hay demasiada frustración. Nos han pintado un panorama del matrimonio oscuro y negro cuando no ramplón e insulso. Nos dicen que hay muy poco  amor en el matrimonio. Hipócritas, acaso hay mucho fuera de él. Le comentaba un conocido psiquiatra  a un amigo: ¿ Crisis en el matrimonio, desavenencias  conyugales? No lo creas, la enfermedad tiene su origen mucho antes. La crisis esta en las personas. Lo que se ha desgarrado ha sido la textura del hombre y de la mujer en cuanto tales. Naturalmente, si enfrentas dos personalidades amorfas sin médula y sin esqueleto lo que resulta es un monstruo.

 

El hombre se encuentra soportando los efectos de grandes enfermedades que, con caracteres de epidemia, se han propagado a la velocidad endiablada de las comunicaciones de este siglo. De una parte, el consumismo materialista más desenfadado. Es una sed insaciable de tener y de acaparar antes que de ser y de compartir. ¿ Existe acaso algún matrimonio que no incluya el apartamento propio, el sofisticado electrodoméstico…? Del “contigo pan y cebolla “ hemos pasado al “ no hay nada que hacer contigo mientras no tengamos dos cenas semanales con cuatro tenedores, estación de invierno y playa de moda” ¿ Exagerado? ¿ Te has parado a pensar cuántos bolígrafos, rotuladores,… manejan tus hijos más pequeños? 

 

La otra enfermedad es contagiosa y repugnante. Una ola de sensualidad ha encenegado hasta los propios hogares, conducida por la cloaca que representan algunos programas de televisión. De Freud para acá se ha producido tal avalancha de sensualidad que ni él mismo lo sospecharía. No hay cauce, ni freno, ni finalidad. Se trata de buscar el placer a cualquier precio. ¿ Cómo paro esta oleada?  Con un dique que se llama fortaleza. Fortaleza para cortar el programa de Tv aunque estés tú solo con tu mujer, y aunque tengas más de cincuenta años. Fortaleza para no comprar a tu hija, con   tu dinero,  un pantalón que tiene que ponerse con calzador y esa blusa que es mil veces peor que si no llevara nada…

 

Todo este materialismo y hedonismo ha ido trepando por todos nuestros centros nerviosos hasta contagiar la cabeza y producir lesiones gravísimas en el cerebro. Si antes, al hacer lo que pensaba, sentía dentro de mi un escozor de intranquilidad, lo mejor será pensar de acuerdo con mi  conducta y habré logrado la anestesia. Es pura morfina, la enfermedad sigue invadiéndonos pero no siento dolor. Ésta es la sintomatología del enfermo: El bien y el mal no son objetivos. “ así es si así os parece “ . Yo soy el legislador, yo marco las leyes de mi conducta al dictado de mi capricho.

 

  Ésta es la sintomatología del enfermo: El bien y el mal no son objetivos. “ así es si así os parece “ . Yo soy el legislador, yo marco las leyes de mi conducta al dictado de mi capricho.

 

A la hora de juzgar, para qué buscar un juez independiente. Si la ley me la he fabricado a mi manera, la aplicaré a mi modo y con actitud compasiva. ¿ La moral ? Éste es un tema tan cambiante como la moda. Fíjate si estoy dispuesto a aceptar, que acato la moral de la mayoría. ¿ Principios? ¿ Fines ? ¿ Para que ? Yo soy el rey de mi existencia; el principio y fin de todas las cosas, y mi ombligo, la brújula y guía de todos mis actos.

 

Piénsalo, piénsalo bien  y verás cómo todos tenemos virus de esas  enfermedades que acabo de describir.

 

Lo importante no es estar enfermo, lo verdaderamente esencial es querer curarse. Poner los medios para superar lo antes posible la enfermedad. El hombre vive. El hombre no ha muerto. Está enfermo. Pero no hay cáncer capaz de destruir su dimensión infinita. 
 






REENCUENTRO CON LA MATERNIDAD

 


 

 

 

 

Un pequeño fuego se convirtió en una hoguera, y un huracán convirtió la hoguera en incendio

 

Se enciende el fuego con Marcuse, un teórico del marxismo padre de la revolución sexual. Se echa leña al fuego en Occidente para difundir las ideas de Marcuse. Y se desata el huracán cuando hay personas que inmediatamente captan el aspecto económico de cualquier fenómeno, y se multiplicaron las empresas cuyo objetivo era la explotación del sexo: Laboratorios farmacéuticos, grupos editoriales suministradores de novela, revistas y toda clase de material pornográfico, empresas cinematográficas dedicadas a producir películas.A partir de un determinado momento los comunistas pudieron despreocuparse de su cruzada. Los capitalistas se habían convertido en los propagandistas y máximos difusores de la tesis marcusianas,  que asumieron la tarea de erotizar el ambiente. Y no olvidemos a Lenin: " Tenemos que destruir el instinto maternal."

 

Podemos pensar que estamos en un callejón sin salida, pero existe algo en el ser humano que se llama “ sentido común” y que gracias a él, las personas con sentido común están reaccionando. Con solo razonar un poco, vemos el falseamiento de los tres conceptos que sirvieron como base para encender aquella revolución cuyos efectos multiplicados todavía duran: Libertad, amor y felicidad. Al razonar un poco, son muchos los que estan cayendo en la cuenta del burdo engaño de que han sido objeto. ¡ Hay que confiar en Dios, y también en  el hombre !. Este sigue teniendo sentido común, y, aunque algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario: El hombre no ha dejado de ser racional.

 

 

  ¡ Hay que confiar en Dios , y también  en el hombre ! Este sigue teniendo sentido común, y, aunque algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario: El hombre no ha dejado de ser racional.

 
 
 
Ante este panorama, es necesario un reencuentro con el valor de la maternidad. Dios ha dispuesto hacer partícipe al varón y a la mujer de la creación, y ha dispuesto que se precise la colaboración de ambos, la interdonación de ambos en el acto de amor humano más sublime para llamar a la vida a un nuevo ser. La maternidad y la paternidad es una cuestión de dos. A Mónica López Barahona le gusta denominar al cigoto, el embrión de una sola célula, “ El Menor de la familia”, porque cree que, efectivamente, lo es. Es el hijo en la expresión biológica más pequeña, que es la expresión de una célula, y es el ser humano que se genera, como bien sabemos, tras la fecundación del espermatozoide al óvulo. Tras la fecundación del espermatozoide al óvulo comienza un evento apasionante que se denomina en términos biológicos desarrollo embrionario, y que, si se permite que continue a lo largo de sus 42 semanas, culminará con el nacimiento de un nuevo ser.
 
 
Cerremos los ojos por un instantee imaginemos ese encuentro fascinante entre la célula más pequeña, que es el espermatozoide, con la célula más apasionante y más majestuosa que hay en la especie humana, que es el óvulo. Hay millones de posibles recombinaciones genéticas que pueden darse en ese encuentro. Sin embargo, entre esos millones de posibilidades, será justamente tu hijo,  ese hijo. ¿ Alguien lo pensó y lo amó desde toda la eternidad ? Porque Dios llama a la vida a quienes amó como solo Él puede amar. Con un amor infinito y con un amor eterno. La frase de Jeremías lo recoge de una manera poética, profética y preciosa: “ Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí y te amé” 

 

 

“ Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí y te amé” .

 

 

La maternidad implica aceptar los hijos como un don, como el don más precioso de Dios. Y un don no es un derecho, es un don, que debe ser acogido, que debe ser aceptado, tal cual es amado por Dios. Eva lo entendió muy bien y así dijo: “ he alcanzado de Yahveh un varón “ ( Gen 4.1 ).  Es un don muy particular, es un don que no deja indiferente a quien lo recibe. Es un don que transforma. Es un don mediante el cual la mujer se convierte en madre y el varón se transforma en padre. Y esto ya dura para toda la vida, es un don que transforma y que configura, como madre  y como padre,  para toda la vida. ( Mónica López )
 
 
¿ La maternidad es un derecho ? ¿ Existe el derecho a  ser madre o existe el derecho a ser padres? Pues, la Donum Vitae ( instrucción de la Iglesia Católica publicada en 1987 )   creo que lo expresa de una manera muy bonita: " el hijo no es un derecho sino un don, el don más excelente del matrimonio. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido derecho al hijo. A este respecto, solo el hijo posee verdaderos derechos, el de ser fruto de acto especifico del amor conyugal de sus padres y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción "
  

Sin embargo, hoy, como todos sabemos, se puede generar un individuo de la especie humana, no solo por reproducción sexual sino también por fecundación in vitro, y también por clonación. Nada tiene que ver con lo que comentamos de la maternidad. Recomiendo la lectura de la encíclica  Evangelium vitae que es una gozada leerla, la verdad.
 

No hay nada más sublime, ni hay misión o delegación más extraordinaria, por parte del creador, que hacernos partícipes de ser el canal por excelencia de la transmisión de la vida. De la transmisión de la vida que Él soñó, que Él amó y de aquellos que Él quiere compartir su vida con nosotros y con nuestros descendientes por toda la eternidad. Es tan grande y tan inabarcable el misterio, que verdaderamente cuando uno se asoma tímidamnete ante él no puede por menos que conmoverse.