viernes, 15 de mayo de 2026


 

¿ HACIA DÓNDE VAMOS ?

 




 

 

Bajo el epígrafe " Crónica de las ideas", tres editoriales chilenas ( Andrés Bello, Zig-Zag y  Ediciones Universidad Católica de Chile)  publicaron entre 1988 y 1998 tres volúmenes conteniendo 109 entrevistas a destacadas personalidades de la cultura del fin de siglo. En su gran mayoría habian sido originalmte escritas para el diario chileno El Mercurio y algunas en la revista Humanitas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que autorizaron su reedición. Ediciones Encuentro 2001 reunió las dieciocho entrevistas que de este conjunto parecieron ser, tanto a juicio del autor ( Jaime Antúnez Aldunate) como del editor, las más significativas e iluminadoras en relación al tiempo que vivimos. 

 

 


 

 

 

Jean Guitton, Julián Marías, Eugène Ionesco, Atanislav Frygiel, Dalai Lama, Claude Umbert, Leszek Kolakowaki, Octavio Paz, Georges Cottier, Robert Spaemann, Bruno Forte, Gottfried Dannels, Joseph Ratzinger, Carlo Cafarra, Rafael Alvira, André Frossard, Josef Pieper, René Huyghe

 

 

«La entrevista es un género literario entrañable cuando se lo cultiva con destreza. Para ello es necesario haber practicado el arte del diálogo, que tiene sus leyes propias. Éstas coinciden con las del encuentro, y son, entre otras, el respeto mutuo, el espíritu de colaboración, la tolerancia -entendida como el afán de buscar la verdad común-, la voluntad de crear un clima distendido, propicio intercambio de ideas, sentimientos y proyectos…  

Pasar revista a las cuestiones nucleares de cada autor en forma articulada y serena supone, por una parte, un conocimiento preciso de sus obras y, por otra, una valoración positiva de las mismas, fruto de la capacidad de vibrar con el espíritu que late en esa labor investigadora. Merced a esta forma discreta y profunda de adentrarse en la intimidad intelectual de cada entrevistado, la obra de Jaime Antúnez se enriquece de capítulo en capítulo con multitud de perspectivas y puntos de vista sumamente esclarecedores…

Al oír las palabras espontáneas de los pensadores entrevistados, tenemos el privilegio de encontrarnos con sus ideas, sus claves de orientación, sus perplejidades y esperanzas en estado naciente. De esta condición originaria brota la singular jugosidad y viveza de las páginas que siguen». 

Del prólogo de Alfonso López Quintás

 


 


 

 

Jean Guiton. Memoria de un siglo

Julian Marías. El arte de pensar

Eugène Ionesco."...Una historia llena de ruido y de furia..."

Stanislav Grygiel. La acuciante pregunta acerca del sentido

Dalai Lama. Por el camino de Buda.

Clauude Imbert. El imperio de la " soft"- ideología

Leszeb Kolakowski. Crónica de un retorno

Octavio Paz. Un mexicano universal

Georges Cottier, O.P. La amenaza del vacío

Robert Spaeman. Peligros que entraña la razón de nadie

Bruno Forte. Teología en un mundo posmoderno.

Cardenal Godfried Danneels. Realismo con esperanza

Cardenal Joseph Ratzinger. El problema de fondo

Carlo Caffarra. Esa intolerante intolerancia 

Rafael Alvira. Sobre el aburrimiento y el juego

André Frossard. Escutador de lo infinito

Josef Pieper. Sobre Heroismo, Ocio y Paradojas

Renè Hugh. " El arte tiene que volver al camino de la vida interior"

 


 ¿ Hacia dónde vamos?

 

 

Pareciera, se constata, como si hubiéramos perdido de vista la finalidad por la cual desplegar nuestros esfuerzos. La primera gran temática que se percibe como inquietud común en las personalidades que se hacen presentes en las páginas de esta “ Crónica de las ideas” es la cuestión del sentido, materia que atraviesa las paginas del libro y que da razón de ser al epígrafe . “ En busca del rumbo perdido” 

 

 


 

Muy Interesante es la entrevista a Rafael Alvira, en la que dialoga con el entrevistador en cuestiones cotidianas aparentemente sencillas como el aburrimiento  y el juego:

 

“ la perdida de tiempo es el dispendio por excelencia” Esto es una frase suya.

 

Es, podemos decir, el exceso existencial por definición, pues no se puede recuperar. Si a uno se le va la mano y regala en una propina 300 dólares, después se puede arrepentir pero a lo mejor esa tarde en el casino gana 300.000

 ¡ El tiempo que perdí no volverá !

 

¿Postula usted entonces que el aburrimiento tiene que ser curado con el arte del bien dialogar?

 

Que viene a ser idéntico al arte de bien jugar….Y cuando esto no se sabe es imposible evitar el aburrimiento.

 

Se origina entonces el aburrimiento actual tanto por el crecimiento de la riqueza como por el crecimiento de los mundos posibles que la instrucción nos presenta. Tenemos tantas posibilidades, que nos damos cuenta que no podemos cumplir, que no podemos realizarlas. Tenemos esa especie de depresión del que ya antes de haber empezado a ser, sabe que no podrá alcanzar a ser.

 

Tiene esto que ver con el antiguo aforismo romano “ al pueblo, pan y circo”, que Schopenhauer refiere en los Parerga y Paralipomena. El pan simboliza el objeto de los deseos de la gente, todo el mundo tiene deseos y busca el pan. Pero una vez alcanzados los deseos, al pueblo hay que darle el circo para que no se aburra.. La televisión o las discotecas, digamos en los términos de hoy día…

 

El aburrimiento popular hoy es trivial y por ello precisamente más grave, muy difícil de curar, puesto que para poder curar la enfermedad lo primero es ser consciente de que se tiene. Algo tremendo de las sociedades actuales es que el aburrimiento es trivial.

 

Una pequeña imagen nos la da el fenómeno del aburrimiento juvenil, muy típico en las pandillas de verano. Están anhelando que termine el curso para reunirse con sus amigos y cuando este momento llega, se juntan todos y se aburren…Sólo hay que pasar por delante de ellos para darse cuenta que es así...

 

 

Por lo que usted describe, aparece esto con la figura de un fenómeno social de rasgos letales

 

La tesis que sostengo acerca del problema, apunta al hecho de que el aburrimiento es una muerte social y su causa una insuficiencia no cardiaca, sino una insuficiencia filosófica.

 

Generalmente se entiende el aburrimiento como una cierta muerte personal, no social. Una simple tristeza o tedio. Pero como el hombre es un ser social, su muerte en cuanto a persona – no su muerte física, sino la muerte relativa a su vida personal – es idéntica a la muerte de la sociedad. Y la persona en cuanto persona muere precisamente  por lo mismo que muere la sociedad, por la desaparición del diálogo.

 

Todos han hecho la prueba. Cuando alguien llega a un medio social nuevo en el cual no conoce a nadie, lo primero que hace es encerrarse sobre sí y empieza a aburrirse de tal manera que, como ya bien veía Descartes – analizando esa unidad a través de la glándula pineal, del alma y el cuerpo – el hecho de no tener a nadie con quien hablar, el no tener ni siquiera un gesto que expresar, porque todos nos parecen muy extraños, hace que inmediatamente la sangre empiece a correr lentamente, que entre un agotamiento, que la cabeza vaya cayendo sobre el pecho…, porque por la unión del alma y el cuerpo, la falta de interés personal se trasluces en la falta de alegría física y de sociabilidad. No tengo ninguna vida, me aburro, me duermo.

 

Sostiene entonces que no aburrirse es idéntico con la capacidad de dialogar…

 

El arte del diálogo es entonces un arte difícil…

 

Aquí también aparece, seguramente, el problema de la soledad.

 

Pero hay distintos tipos de soledades, ¿ no le parece?

 

… El aburrimiento es una forma de debilidad como la melancolía romántica: imaginación de pasado nostálgico o de un futuro que no es un dibujo de ningún proyecto practico. Son muestras de huida de la dureza de lo real.

 

¿ Huida hacia donde ?

 

El diálogo tiene así su origen en el esfuerzo de autonegación…

 

¿ Cómo identificar los rasgos psicológicos que descubren al aburrido?

 

¿ No tiene algo que recomendar frente a ese mal del aburrimiento ?

 

Un camino de felicidad verdadera, parece usted querer decir…

 

…La felicidad dicen, es algo que sacia sin saciar. Si simplemente saciara sería un fracaso existencial, un aburrimiento, faltaría aventura; pero si simplemente fuera aventura nos faltaría el inmenso consuelo de la paz, de manera que gracias a una filosofía verdadera conseguimos evitar la desesperación del que está siempre inquieto. Porque la aventura no es segura y porque no tiene ninguna pericia terminal. Y si somos capaces al mismo tiempo de jugar es porque tenemos una paz que no es esa contemplación vacía de la que hablan algunas formas filosóficas; sino que la existencia es al mismo una bella aventura dialógica, un juego en la paz y en la inmensa serenidad interior .

 

 

 


 

 


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