sábado, 23 de mayo de 2026


 
 MULTICULTURALISMO Y PLURALISMO
 
 
 
 

 

 
 
Los movimientos migratorios son un fenómeno tan antiguo como la especie humana, y la historia abunda en grandes desplazamientos de personas que, en busca de una vida mejor y de nuevas oportunidades, han abandonado sus lugares de origen para probar fortuna en otras tierras. La propia Europa fue un continente de emigrantes en el siglo XIX y en la primera mitad del XX. Actualmente la situación se ha invertido, y son innumerables los hombres y mujeres que, procedentes sobre todo de África, del Medio y el Extremo Oriente y de Iberoamérica, arriban a la Unión Europea, con intención de instalarse de manera permanente 
 
 
 

Este flujo migratorio no representaría una dificultad, sino que, por el contrario, sería una aportación positiva, si el número de inmigrantes fuese adecuado para su correcta integración, si su perfil profesional y laboral fuese idóneo para las necesidades del sistema productivo europeo y si sus valores, su cultura y sus costumbres fuesen compatibles con los propios de las sociedades abiertas que existen en Occidente. Por desgracia, estas tres condiciones no se satisfacen simultáneamente en muchos casos, y en demasiados no se cumple ninguna.

 

 

Para poder analizar la naturaleza profunda de este problema, hemos de dejar claro cuál es el modelo de sociedad al que se incorporan los emigrantes que llegan a Europa. Podríamos describirlo como una sociedad democrática y pluralista. ¿Hasta qué punto se puede abrir la sociedad sin que deje de serlo? ¿Existe un grado de diversidad cultural más allá del cual la sociedad pluralista se desintegra?

 

 

Si queremos situar este asunto en sus justos términos, es esencial comprender la diferencia entre multiculturalismo y pluralismo y cómo el multiculturalismo, entendido y practicado con radicalidad, puede destruir el pluralismo. Por tanto, llega un punto en que la diversidad cultural no es un enriquecimiento, sino una amenaza. 

 

 


 

Para apercibirse de la naturaleza maligna de multiculturalismo hay que entender a qué llaman “cultura” los multiculturalistas. Para ellos, la cultura no es un conjunto de hábitos de comportamiento. Los multiculturalistas consideran que una cultura es una identidad presuntamente amenazada, ya sea lingüística, religiosa, ética o sexual. Por eso las feministas radicales son multiculturalistas y se refieren a la mujer como cultura, sometida a sus ojos a discriminación por parte de los hombres, con lo que ponen en evidencia que el multiculturalismo es un proyecto ideológico con profundas consecuencias políticas. 

 

 

Un postulado central del multiculturalismo es que todas las culturas tienen el mismo valor y, por consiguiente, todas merecen el mismo respeto. Pero, si todas las culturas tienen el mismo valor, el concepto de valor pierde todo su sentido. 

 

 

Europa tiene, pues, un problema de muy difícil solución, porque el número potencial de inmigrantes es enorme y por mucho que lleven a cabo regularizaciones masivas el flujo entrante no disminuye, sino que, por el contrario se incrementa. 

 

 

La Europa moderna, abierta, democrática y tolerante no nació del multiculturalismo, sino del interculturalismo, que fue el catalizador del pluralismo. 

 

 

El 15 de septiembre de 2006, Alejo Vidal Quadras, impartió un conferencia en la Kazakn State University of Al-Farabi en Kazajstán, sobre esta cuestión y dijo: “…los seres humanos necesitamos una identidad que implica alteridad. El problema no es la identidad étnica, cultural o religiosa, que es algo que nos viene dado, sino el lugar que el asignamos en la escala axiológica. Cuando la identidad étnica, lingüística o religiosa se convierte en el valor supremo al que todos los demás –libertad, igualdad, justicia– han de supeditarse, la comunidad pluralista queda aniquilada y la barbarie acecha.

 

 

Y en su intervención en el acto de entrega del Premio Mater Salvatoris a los valores éticos, morales y cristianos en Madrid, el 31 de mayo de 2007 comenzó así: “En mi condición de vicepresidente del Parlamento Europeo, he creído que un buen tema para mi intervención de esta noche sería precisamente el de Europa entendida como comunidad de valores, …Esta sociedad pluralista ha sido el fruto de una larga evolución histórica de 2.500 años, en la que han sido ingredientes principales el legado clásico griego y romano, el cristianismo y las Luces.

 

El siglo XX europeo ha sido calificado no sin razón, “el siglo de los horrores “…

 

Cabe preguntarse cómo pueblos capaces de alumbrar los más excelsos productos del arte y la literatura universales y los descubrimientos científicos y técnicos más decisivos pudieron caer tan recientemente en abismos de violencia y barbarie tan escalofriantes. La búsqueda de una respuesta, que ha sido ya objeto de muchas reflexiones… está directamente relacionada con la dimensión religiosa del hombre. La civilización occidental, que nació y se desarrolló en Europa, contiene todos los elementos para proporcionar a los seres humanos un modelo de convivencia apto para suministrarles felicidad, dignidad y prosperidad en grados muy notables a los seres humanos.

 

 

Pero es una senda que exige constante vigilancia para no caer en los peligros que acechan al abandonarla: el nihilismo, el relativismo moral, el totalitarismo o el fanatismo intolerante. 

 

 

Porque no debemos olvidar que la esencia de la cultura europea abierta, humanista y pluralista es la libertad. Y, para los europeos, la libertad es el valor que fundamenta todos los demás, una revelación que nos llegó de los más Alto y que es en si misma una regla completa de vida: “la verdad os hará libres”. En efecto, para los europeos la verdad y la libertad son inseparables. Somos libres para buscar la verdad, pero es su búsqueda es la que nos hace auténticamente libres. Y aquí el orden de los factores sí altera el producto. 

 

 

Y, obviamente , una consecuencia de esta relación secuencial entre verdad y libertad es que nadie ni nada está legitimado para imponer su verdad mediante la coacción o la violencia. Dios ilumina la libertad del hombre, no la destruye. La anulación de la libertad humana que perpetran los fundamentalismos religiosos es una forma de sacrilegio, porque un Dios que aplasta al hombre, que le rebaja de fin a medio, no puede salvarle.

 

 

 Un Dios que aplasta al hombre, que le rebaja de fin a medio, no puede salvarle.

 

 

Esta es nuestra identidad como europeos, una identidad que no emana de la raza , ni de la lengua ni de historias más o menos inventadas.


 


ESCRUTADOR DE LO INFINITO

 

Dios existe, yo me lo encontré 

 

 

 



 

 

 

La entrevista a André Frossard forma parte de las 109 publicadas a destacadas personalidades de la cultura para la revista Humanitas de la Pontificia Universidad Católica de Chile  Como Paul Claudel o G.K. Chesterton, perteneció André Frossard a esa especie de seres que repentinamente fueron arrancados de las oscuridades de la no creencia, y en quienes la luz que los transformó permaneció siempre como algo vivo e iluminador para los hombres de su tiempo. En el caso de este hijo de Oscar Frossard, secretario general del Partido Comunista francés, se da la situación de quien salió de una oscuridad particularmente espesa, para alumbrar hasta el fin de su vida otra espesa de oscuridad, la del secularismo contemporáneo, de signo ideológico algo diferente, aunque quizá no menos densa que la de sus orígenes.

 

 

Figura relevante de la intelectualidad católica europea en la segunda mitad del siglo XX, este periodista de vanguardia – que por más de 30 años animó cotidianamente la primera página de Le Figaro con su columna “ Cavalier Seul” -, ilustre miembro, además de la Academia Francesa, fue una voz con fuerte presencia en algunos países de habla hispana. Sus libros, desde aquel celebre Dios existe, yo me lo encontré, en el que relató su conversión, hasta los últimos – Dios en preguntas, El hombre en preguntas, Los grandes pastores, por citar algunos entre tantos títulos – traducidos en gran parte en España, fueron siempre una novedad importante y circulan ampliamente hasta hoy.

 

 

La entrevista tiene lugar en Ravena , a orillas del Adriático. He seleccionado algunas de las preguntas que le hace Jaime Antúnez.

 

 

 De modo que usted ve la fuerza original del crecimiento de una civilización en el periodo místico, en la contemplación .

 

 

La contemplación mística es el medio de adquirir una enorme fuerza, porque la contemplación no es una especulación de la inteligencia, sino que es una especie de espejo solar, totalmente cóncavo, vacío de la propia presencia, que al modo como el sol en el espacio solar produce una acumulación de energía, recibe una fuerza increíble de lo divino. 

 

 

Uno de los temas más  habituales  en el debate contemporáneo es el de la libertad. A él se dedica un largo capítulo en el libro que registra su diálogo con el Papa. Mi pregunta apunta a saber cuál es su concepto de la libertad, qué alcance civilizador usted le atribuye, y si acaso la noción cristiana de la libertad, a su juicio, se ha modificado. 

 

 

Lo mejor sobre la libertad es lo dicho por santo Tomás de Aquino, que era un genio después de todo. Y según él la libertad consiste en permitirle al hombre no ser determinado sino por Dios: si él así lo desea, es decir, significa que el hombre escapa al determinismo de la naturaleza. Si Dios no existiera, todos nosotros seriamos enteramente determinados y no tendríamos ni un átomo de libertad, seríamos función de nuestros genes y cromosomas, del medio ambiente, de la educación, de la herencia y de las demás circunstancias, que nos arrastrarían por la punta de la nariz. Aun cuando creyéramos ser libres, seríamos en cierto modo , mecanos insertos en la mecánica universal , y no existiría ni la sombra de la libertad.

 

Dios es el que da libertad al ser humano, es él el que nos permite escapar del determinismo. Con Él, gracias a Él, no estamos reducidos al estado de moléculas de los cuerpos universales. Por consiguiente, en eso consiste la libertad humana para un cristiano, está vinculada a Dios, el hombre la  recibe de Dios y no subsiste sino por Él y justamente se es libre en la medida en que uno se refiere a Dios…

 

Cuando me convertí fue por la evidencia de Dios, fui convertido por la evidencia luminosa de Dios. Hubo gente que dijo en alguna ocasión después: ¡ Pero su libre arbitrio! Usted debió aceptar a Dios “. Yo respondo que ni siquiera lo sometí a deliberación. Eso no era posible porque Él era mi libertad, fue Él que me tomó, me liberó de mi mismo para darme el propósito de su propia vida…

 

 

En algunas de sus intervenciones usted habla de “ Mística concreta”. ¿ Qué quiere expresar con esta fórmula? 

 

 

Es una manera de vivir, de existir. De actuar, de pensar como si Dios existiera realmente y no como si no existiera. Porque muchos cristianos piensan piadosamente en Dios, pero no se puede decir que ello oriente y que domine todos sus pensamientos, su modo de ser.

 

 

 

La mística concreta es un modo realista de pensar en Dios; consiste en no relegar al plano de un cielo de ideas y pensamientos, sino llegar a integrarlo a todas las cosas. El místico es un hombre, un ser que quisiera nombrar a todo con una sola palabra – Dios – al que ve en todas partes y quisiera que todo murmure ese nombre; para él todo murmura el nombre de Dios. Eso es la mística concreta para mí, el que toda la asamblea de los universos sea un gran comentario de la gloria de Dios, que las hojas de los árboles susurren la palabra Dios.

 

 

¿ Qué relación establece o ve usted entre mística y arte? 

 

 

Al escribir sobre Ravena, creo, dije que el arte es un fragmento de contemplación que cae sobre la materia. Es la contemplación encarnada, y cuando la contemplación es más fuerte, ésta conserva su poder y la materia se convierte en luz…

 

Cuando la materia devora la contemplación nos encontramos con gran parte del arte contemporáneo, constituido por elementos materiales inconexos, por trazos, por una agitación de moléculas. Ya no hay contemplación, aprehensión del mundo y la materia vence. Como los artistas sólo pueden reflejar el estado espiritual de la época en que viven, es que nos dan lo que nos dan en este momento, algo dónde la contemplación está ausente; pero ésta puede y debe volver...

 

Se ve que lo bello, desde este punto de vista, tiene, más que los otros trascendentales, el poder de reunir a los demás

 

 

Tal vez

 

 Lo bello, decía, es aquello a lo cual no puede agregarse sino lo infinito. Hay que hacer otra observación y es que lo bello es también la imagen de la Trinidad del Evangelio. Entre tres elementos, en música, por ejemplo, no es la primera nota la bella ni la segunda, más es el acorde entre la primera y la segunda, que crea la tercera, que no se escucha, donde está la belleza. En la pintura de Vermeer, por ejemplo, no es el amarillo y el azul, que produce una sensación imposible de definir, que es un tercer color invisible, nacido de los dos anteriores, el que constituye la belleza de Vermeer. Lo bello, en último término, es lo que no se ve ni se escucha, pero que necesita de cosas que existen para darse a conocer. Lo mismo sucede en toda la creación.

 

 


 

Magnífica entrevista en la que  Jaime pasa revista a las cuestiones nucleares en forma articulada y serena. Brillantemente nos acerca a las fuentes de la cultura auténtica, y , por tanto, a “ los centros de la tierra”.