ESCRUTADOR DE LO INFINITO
Dios existe, yo me lo encontré
La entrevista a André Frossard forma parte de las 109 publicadas a destacadas personalidades de la cultura para la revista Humanitas de la Pontificia Universidad Católica de Chile Como Paul Claudel o G.K. Chesterton, perteneció André Frossard a esa especie de seres que repentinamente fueron arrancados de las oscuridades de la no creencia, y en quienes la luz que los transformó permaneció siempre como algo vivo e iluminador para los hombres de su tiempo. En el caso de este hijo de Oscar Frossard, secretario general del Partido Comunista francés, se da la situación de quien salió de una oscuridad particularmente espesa, para alumbrar hasta el fin de su vida otra espesa de oscuridad, la del secularismo contemporáneo, de signo ideológico algo diferente, aunque quizá no menos densa que la de sus orígenes.
Figura relevante de la intelectualidad católica europea en la segunda mitad del siglo XX, este periodista de vanguardia – que por más de 30 años animó cotidianamente la primera página de Le Figaro con su columna “ Cavalier Seul” -, ilustre miembro, además de la Academia Francesa, fue una voz con fuerte presencia en algunos países de habla hispana. Sus libros, desde aquel celebre Dios existe, yo me lo encontré, en el que relató su conversión, hasta los últimos – Dios en preguntas, El hombre en preguntas, Los grandes pastores, por citar algunos entre tantos títulos – traducidos en gran parte en España, fueron siempre una novedad importante y circulan ampliamente hasta hoy.
La entrevista tiene lugar en Ravena , a orillas del Adriático. He seleccionado algunas de las preguntas que le hace Jaime Antúnez.
De modo que usted ve la fuerza original del crecimiento de una civilización en el periodo místico, en la contemplación .
La contemplación mística es el medio de adquirir una enorme fuerza, porque la contemplación no es una especulación de la inteligencia, sino que es una especie de espejo solar, totalmente cóncavo, vacío de la propia presencia, que al modo como el sol en el espacio solar produce una acumulación de energía, recibe una fuerza increíble de lo divino.
Uno de los temas más habituales en el debate contemporáneo es el de la libertad. A él se dedica un largo capítulo en el libro que registra su diálogo con el Papa. Mi pregunta apunta a saber cuál es su concepto de la libertad, qué alcance civilizador usted le atribuye, y si acaso la noción cristiana de la libertad, a su juicio, se ha modificado.
Lo mejor sobre la libertad es lo dicho por santo Tomás de Aquino, que era un genio después de todo. Y según él la libertad consiste en permitirle al hombre no ser determinado sino por Dios: si él así lo desea, es decir, significa que el hombre escapa al determinismo de la naturaleza. Si Dios no existiera, todos nosotros seriamos enteramente determinados y no tendríamos ni un átomo de libertad, seríamos función de nuestros genes y cromosomas, del medio ambiente, de la educación, de la herencia y de las demás circunstancias, que nos arrastrarían por la punta de la nariz. Aun cuando creyéramos ser libres, seríamos en cierto modo , mecanos insertos en la mecánica universal , y no existiría ni la sombra de la libertad.
Dios es el que da libertad al ser humano, es él el que nos permite escapar del determinismo. Con Él, gracias a Él, no estamos reducidos al estado de moléculas de los cuerpos universales. Por consiguiente, en eso consiste la libertad humana para un cristiano, está vinculada a Dios, el hombre la recibe de Dios y no subsiste sino por Él y justamente se es libre en la medida en que uno se refiere a Dios…
Cuando me convertí fue por la evidencia de Dios, fui convertido por la evidencia luminosa de Dios. Hubo gente que dijo en alguna ocasión después: ¡ Pero su libre arbitrio! Usted debió aceptar a Dios “. Yo respondo que ni siquiera lo sometí a deliberación. Eso no era posible porque Él era mi libertad, fue Él que me tomó, me liberó de mi mismo para darme el propósito de su propia vida…
En algunas de sus intervenciones usted habla de “ Mística concreta”. ¿ Qué quiere expresar con esta fórmula?
Es una manera de vivir, de existir. De actuar, de pensar como si Dios existiera realmente y no como si no existiera. Porque muchos cristianos piensan piadosamente en Dios, pero no se puede decir que ello oriente y que domine todos sus pensamientos, su modo de ser.
La mística concreta es un modo realista de pensar en Dios; consiste en no relegar al plano de un cielo de ideas y pensamientos, sino llegar a integrarlo a todas las cosas. El místico es un hombre, un ser que quisiera nombrar a todo con una sola palabra – Dios – al que ve en todas partes y quisiera que todo murmure ese nombre; para él todo murmura el nombre de Dios. Eso es la mística concreta para mí, el que toda la asamblea de los universos sea un gran comentario de la gloria de Dios, que las hojas de los árboles susurren la palabra Dios.
¿ Qué relación establece o ve usted entre mística y arte?
Al escribir sobre Ravena, creo, dije que el arte es un fragmento de contemplación que cae sobre la materia. Es la contemplación encarnada, y cuando la contemplación es más fuerte, ésta conserva su poder y la materia se convierte en luz…
Cuando la materia devora la contemplación nos encontramos con gran parte del arte contemporáneo, constituido por elementos materiales inconexos, por trazos, por una agitación de moléculas. Ya no hay contemplación, aprehensión del mundo y la materia vence. Como los artistas sólo pueden reflejar el estado espiritual de la época en que viven, es que nos dan lo que nos dan en este momento, algo dónde la contemplación está ausente; pero ésta puede y debe volver...
Se ve que lo bello, desde este punto de vista, tiene, más que los otros trascendentales, el poder de reunir a los demás
Tal vez
Lo bello, decía, es aquello a lo cual no puede agregarse sino lo infinito. Hay que hacer otra observación y es que lo bello es también la imagen de la Trinidad del Evangelio. Entre tres elementos, en música, por ejemplo, no es la primera nota la bella ni la segunda, más es el acorde entre la primera y la segunda, que crea la tercera, que no se escucha, donde está la belleza. En la pintura de Vermeer, por ejemplo, no es el amarillo y el azul, que produce una sensación imposible de definir, que es un tercer color invisible, nacido de los dos anteriores, el que constituye la belleza de Vermeer. Lo bello, en último término, es lo que no se ve ni se escucha, pero que necesita de cosas que existen para darse a conocer. Lo mismo sucede en toda la creación.
Magnífica entrevista en la que Jaime pasa revista a las cuestiones nucleares en forma articulada y serena. Brillantemente nos acerca a las fuentes de la cultura auténtica, y , por tanto, a “ los centros de la tierra”.




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