NO ESTÁ MUERTO, ESTÁ ENFERMO
El matrimonio está en crisis. La familia está en crisis. ¡ Cuantas veces hemos escuchado estas afirmaciones ! Manuales se discuten los escaparates de las librerías. Sus páginas, en muchos casos, no contienen otra cosa que malos remiendos con los que se quiere apuntalar un edificio en ruinas.
A pesar de lo que cuenten los expertos … ¡ tantas veces expertos del fracaso! Aquí no sirven las recetas, nos sobran, pero nos faltan modelos. Necesitamos encontrar los materiales con la suficiente garantía para que sean capaces de resistir todos los vientos y sus violentos seísmos.
El hombre se encuentra soportando los efectos de grandes enfermedades
De una parte, el consumismo materialista más desenfadado. Es una sed insaciable de tener y de acaparar antes que de ser y de compartir. ¿ Existe acaso algún matrimonio que no incluya el apartamento propio, el sofisticado electrodoméstico…? Del “contigo pan y cebolla “ hemos pasado al “ no hay nada que hacer contigo mientras no tengamos dos cenas semanales con cuatro tenedores, estación de invierno y playa de moda”. ¿ Exagerado? ¿ Te has parado a pensar cuántos bolígrafos, rotuladores,… manejan tus hijos más pequeños?
La otra enfermedad es contagiosa y repugnante. Una ola de sensualidad ha encenegado hasta los propios hogares, conducida por la cloaca que representan algunos programas de televisión. Todo este materialismo y hedonismo ha ido trepando por todos nuestros centros nerviosos hasta contagiar la cabeza y producir lesiones gravísimas en el cerebro. Si antes, al hacer lo que pensaba, sentía dentro de mi un escozor de intranquilidad, lo mejor será pensar de acuerdo con mi conducta y habré logrado la anestesia. Es pura morfina, la enfermedad sigue invadiéndonos pero no siento dolor.
¿ Cómo paro esta oleada? Con un dique que se llama fortaleza. Fortaleza para cortar el programa de Tv. Fortaleza para no comprar a tu hija, con tu dinero, un pantalón que tiene que ponerse con calzador y esa blusa que es mil veces peor que si no llevara nada…
Ésta es la sintomatología del enfermo: El bien y el mal no son objetivos. “ así es si así os parece “ . Yo soy el legislador, yo marco las leyes de mi conducta al dictado de mi capricho. A la hora de juzgar, para qué buscar un juez independiente. Si la ley me la he fabricado a mi manera, la aplicaré a mi modo y con actitud compasiva. ¿ La moral ? Éste es un tema tan cambiante como la moda. Fíjate si estoy dispuesto a aceptar, que acato la moral de la mayoría. ¿ Principios? ¿ Fines ? ¿ Para que ? Yo soy el rey de mi existencia; el principio y fin de todas las cosas, y mi ombligo, la brújula y guía de todos mis actos.
Me uno a lo que dice Antonio Vázquez respecto a esta epidemia:
Nos negamos a aceptar que el amor sea un producto de consumo que se toma en un mercado al cambio de un bienestar materialista.
No estamos dispuestos a admitir un enano reduccionismo que ha limitado el amor a unos simples impulsos sexuales, cuando no animales.
Nos están ofendiendo cuando piensan que somos incapaces de amar los compromisos.
Nos insultan cuando nos niegan la capacidad de superar obstáculos, vencer dificultades.
No queremos escuchar a los que nos dicen que somos el centro del universo.
Tenemos el suficiente realismo para conocer nuestra carga de limitaciones y la audacia necesaria para, conociéndolas, superarlas.
" No estamos dispuestos a conformarnos con que las leyes esenciales de la naturaleza, y por tanto para la vida de la sociedad, sean allanadas y ridiculizadas por la fuerza de una mayoría. El hombre y la mujer no han cambiado. No es cierto que las modas cambien a los hombres; los fanatismos se suceden dejando una huella efímera; pero no vamos a ser frívolos como para atribuirles la capacidad de cambiar la naturaleza de los hombres. La moda no se inventó ayer. Séneca ya denunciaba que se corre más detrás de lo nuevo que de lo mejor; pero ese viejo tirano siempre es apuñalado por la espalda de la última novedad que está en la cola. “
Como vemos, hay muchas zarzas que arrancar para poder
dejar abierto el surco para la siembra. Se han empeñado en robarnos la
personalidad convirtiéndonos en manada y ya hemos vivido lo suficiente para
caer en la cuenta de que no hay dos hombres
ni dos mujeres iguales, y es por tanto nuestra peripecia absolutamente singular
e irrepetible,
El hombre vive. El hombre no ha muerto. Está enfermo.
El hombre vive. El hombre no ha muerto. Está enfermo. Pero no hay cáncer capaz de destruir su dimensión infinita. Lo importante no es estar enfermo, lo verdaderamente esencial es querer curarse. Poner los medios para superar lo antes posible la enfermedad.



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