viernes, 29 de mayo de 2026

 

  

MÁS ALLÁ DEL LIDERAZGO

 

" DIRIGIR ES SERVIR "


 

 



 

Para abordar el escenario político actual o cualquier crisis institucional con claridad y rigor, se hace necesario analizar fríamente si las acciones de los implicados responden a un verdadero liderazgo, a una imposición de autoridad o a la protección de intereses particulares ( El mangoneo ) que analiza el libro “ La escalera : dirigir, mandar,  mangonear”. escrito por Enrique Carreño y Pablo A. Carreño. Comienza su primer capitulo con el apartado “ El estado de la cuestión”, en el cual se plantea la relación entre los pueblos, la organización y sus dirigentes.

 

 

 

“ Los pueblos inteligentes se diferencian de los pueblos necios en que los primeros dejan a sus tontos escondidos entre la multitud y no les permiten alcanzar el poder para gobernar a nadie. Estos pueblos intuyen que los tontos, junto con los desaprensivos, los frívolos y los ambiciosos, bastante tienen con gobernarse a sí mismos. Por el contrario, los pueblos necios se dejan dirigir por los más ambiciosos de la comunidad, por aquellos que desean mandar a los demás, sin demasiada idea de que, junto con unas discutibles satisfacciones, es necesario sufrir cuando se quiere administrar a los seres humanos.

 

 

 

 

Ese problema de que la vocación, o la afición, por dirigir es inversamente proporcional a la competencia para hacerlo, tiene una clara explicación: el hombre, cuando se enfrenta con sus deficiencias y problemas sin resolver, tiene siempre  necesidad de compensarse. De este modo, es frecuente que los menos dotados tengan y pongan mayor emoción en lograr o demostrar aquello de lo que carecen. Por el contrario, los que tienen las cualidades, les parece aquello natural y un patrimonio indiscutible, no ven necesario demostrarse a sí mismos ni demostrar a nadie lo que ya tienen o ellos piensan que tienen. J.A.C. Brown hace un análisis certero y convincente de este asunto tan particular en su obra cumbre. 

 

 

 

Pero, a todo esto, resulta que al hombre occidental “ se le está dando gato por liebre”. El hombre occidental sólo está deseando ser bien  gobernado. No está pidiendo otra cosa. Hijos, soldados, empleados, fieles y ciudadanos únicamente piden buenos gobernantes.

 

 

 

Continuamente se le llama la atención y se le asusta con los peligros para la democracia. Está bien. Pero, aparte de que la democracia no se identifica necesariamente, como modelo ideal de gobierno, precisamente ni únicamente con el sistema imperante ni con ningún sistema o modelo operativo concreto, resulta que tampoco es el único sistema que el mundo ha conocido, en su ya larga andadura por los siglos, de generar buenos gobernantes. Los buenos y los malos gobernantes, como la hierva buena y mala, nacen en cualquier terreno y existen sobrados ejemplos históricos de este fenómeno. También en cualquier campo nace la mala hierba y la yerba inútil: los malos y los tontos dirigiendo organizaciones humanas. 

 

 

 

 

No es, por tanto, el sistema quien garantiza nada, y , aún eligiendo el mejor, y la democracia en principio lo es, nada garantiza el fin que se necesita, se desea y se busca: buenos gobernantes. Por tanto, habrá que poner la intención y la operación en otros asuntos, como la identificación, la elección y la formación de los que van a dirigir, antes de discutir tanto sobre el sistema. ¡ Qué más da !. Lo importante son los resultados, no los métodos; lo que interesa es el fin, no los medios. Y el fin es el logro de buenos gobernantes.”

 

 

 

A lo lardo del libro se cita frecuentemente al general Patton , rescatando sus frases más famosas junto con las valiosas reflexiones de otros pensadores. Alguien rezaba “ Dame fuerza para cambiar lo que debe y pueda cambiarse, paciencia para aceptar lo inevitable y sabiduría y realismo para distinguir lo uno de lo otro”

 

 



  

El epílogo destaca por resumir la esencia del liderazgo auténtico. En él , los autores recuerdan que para dirigir equipos eficazmente, primero hay que saber dirigirse a uno mismo, dejando atrás la manipulación y la imposición.

 

 

 

“… no hay imperio sin programa de vida, precisamente sin un plan de vida imperial. Como dice el verso de Schiller: Cuando los reyes construyen, tienen que hacer los carreros”…. “ Una civilización no es conquistada desde fuera, si antes no se ha destruido desde dentro”, y somos los jefes los únicos que la podemos destruir. 

 

 

 

Es necesario que un hombre haya adquirido un claro dominio sobre sí mismo para que esté en condiciones de dirigir a otros. No es posible contar con el cierto cuando se seleccionamos jefes por el mero hecho de ser personas que han tenido éxito en otras actividades técnicas y, mucho menos por el simple hecho de ambicionar “ poder y gloria”. La dirección es, en primer lugar una parea, con su ciencia y con su arte, con sus conocimientos y habilidades y, además, una tarea trascendente que maneja como recurso lo que solo puede ser fin de la acción humana. Si lo s propios jefes nos quedamos en lo periférico, dinero, status, imagen o poder. ¿ será posible que transmitamos lo nuclear ¿ Nadie da lo que no tiene.

 

 

 

“ Dirigir es servir”, desde un punto de vista ético/ moral, pero también desde la perspectiva técnica, siempre que la eficacia la proyectemos en el tiempo. Ahora bien ¿ servir a quién o a qué? ¿ A la organización que me eligió ¿ ¿ A las personas a las que dirijo?, ¿ A la meta o fin de mi función ? Y, lo que es más importante, ¿ cómo jerarquizar esas necesarias lealtades? Esto es lo que hemos pretendido clarificar y poner en orden con este trabajo que aquí damos por finalizado.” 

 

 

 

La obra refleja la distancia entre los gobernantes que solo saben “ mandar” y aquellos que realmente saben “ dirigir” con visión de Estado

 

 

 

Lectura rápida y directa. Sus 140 páginas concentran lecciones claras sobre cómo las organizaciones se corrompen cuando se confunde el poder con la autoridad. Explica cómo la falta de liderazgo real se sustituye con la manipulación de las instituciones para fines personales

 




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