martes, 30 de junio de 2026

 

 SUPERSTICIONES A LA CARTA 

Dioses, bederros y borregos



 

 

Hace quince días, mientras regresaba a casa, escuché una emisora de radio, a través de mi teléfono móvil. Entrevistaban a un científico, que hablaba, sobre todo, de sus aficiones, de su familia…

 

 

 

-   - ¿  Cómo han influido en su carrera las mujeres que ha tratado? – preguntó más o menos el locutor.

-      

-    -   Como usted sabe, soy ateo y los piscis somos apasionados y un poco obsesivos, así que…

 

 

 

 

Al llegar a este punto apagué la radio: El científico, ateo y piscis, se me cayó con estrépito del pedestal.

 

 

El día 25 de este mes, una amiga me preguntó qué tal había pasado el día de San Juan. Le contesté que  bien, a lo que ella reaccionó sorprendida.

 

-     ¿ No lo celebraste con el ritual ?

 

-     Desconozco que exista tal cosa – le confesé.

 

 

 

Ella me explicó : - Yo salí al balcón y lo hice. Consiste en escribir en un trozo de papel todo lo malo del año que se desea dejar atrás. En la playa se lanza a la hoguera una lista con metas o deseos escritos para que el humo los eleve y se cumplan…

 

 

 

 

 El domingo tomé un taxi   para trasladarme a Benicassim y, como ya saben los que me conocen, soy capaz de sacarle conversación hasta a las piedras, rompí el hielo enseguida. Empezamos el viaje  compartiendo anécdotas, sobre el clima y el tráfico, hasta que terminamos debatiendo sobre la existencia de Dios.  En medio de la charla, el conductor me dijo que él creía en una energía universal.

 

 

 

 

Y hoy, en la peluquería, escucho la siguiente conversación entre dos jóvenes universitarias.

 

-     Yo soy Escorpio , ¿ Y tú? …

 

 

 

 

Siento la tentación de tomarme a broma uno de los fenómenos más serios y significativos de esta época paradójica y un poco esquizofrénica que nos ha tocado vivir: la epidemia de las supersticiones que nos invade, y la extraña fauna de personajes que comercian con la creciente  credulidad del personal: adivinos, futurólogos, espiritistas, parasicólogos, astrólogos, tecnoexorcistas, médiums, brujos, brujas, curanderos, sanadores, echadores de  cartas, invocadores de diablos, fantasmas, cazafantasmas, magos, rastreadores de ovnis, …y consumidores histéricos de todas clases, que alimentan a los anteriores con admirable generosidad.

 

 

La epidemia alcanza también a las librerías, a la radio, al cine, a la televisión, al mundo de la política y de la música. Pensad, por ejemplo, en el crecimiento espectacular de la literatura esotérica que llena estantes de los grandes almacenes. Libros en los que se mezclan ingredientes tan heterogéneos como el fenómeno ovni, la Biblia, las pseudoprofecías más de moda, la posición de los astros, …Y lo que llaman “ literatura fantástica “ renta, en verdad, fantásticos beneficios a sus editores.

 

 

 

Los más graciosos de todos son los que adoptan aires doctorales y jergas pseudocientíficas, que ni ellos entienden, para dar a sus memeces un aire aún más misterioso. Recuerdo que hace ya   10 años  Enrique Monasterio citaba a Benigno Ramírez en su libro Pensar por libre

 

-    -   ¡ Por favor, seamos modernos ¡ - clamaba Benigno ( alias Guasintón), Master en Ciencias Ocultas y Dietas Alternativas, por la Universidad  , por la Universidad Libre de Maracañí, en su tradicional alocución a los diplomados de la academia- . No hablemos de profetas, sino de futurólogos: No digamos espíritus malignos, sino energías negativas. Nada de voces de ultratumba: ¡ psicofonías!, eso es lo que son. Y además, las gravamos en magnetofón y las vendemos en la sección de empanadas del hipermercado.

 

 

 

¿ Cómo se ha llegado a esta situación? ¿ Es solo un fenómeno sin portañica, un juego más o menos de moda que pasará igual como vino? Me temo que no.

 

 

 

Según D. Enrique Monasterio, no cabe duda de que el agnosticismo, el relativismo y el escepticismo, en general, han desprestigiado a la inteligencia. Los consabidos tópicos de “ nadie está en posesión de la verdad” , “ cada uno tiene la suya “, “ lo importante es creer en algo”, “ la verdad absoluta no existe”, etc., convierten a la inteligencia humana en una potencia frustrada, incapaz de alcanzar nada permanente. Dios queda muy lejos, tanto que, aunque exista, no podemos conocerlo ni pensar en ÉL. Todo lo que digamos sobre su naturaleza será falso, porque el entendimiento humano no está capacitado para tamaña empresa.

 

 

 

 

Así razonan los agnósticos: según ellos, Dios nos ha dado la cabeza solo para ponernos la boina, y la inteligencia, para ser ingeniosos, para hacer esgrima mental, para resolver crucigramas y para no aspirara a mucho más.  

 

El materialismo no es humano. Todos sabemos que somos mucho más que materia; soñamos con la eternidad; aspiramos a ser felices – no sólo a pasárnoslo bien – y seguimos buscando el Amor con mayúscula, y la Verdad y la Vida también con mayúsculas. Por eso, cuando se le niega al espíritu esa posibilidad, anestesiando sus necesarias aspiraciones, busca una salida. Y si la razón no le sirve, recurrirá a la magia o a la superstición. Cualquier cosa, incluso lo irracional, con tal de no renunciar a ser lo que es.

 

 

 

 

El asunto es serio, y, por tanto, vale la pena no tomárselo a broma. Enrique Monasterio defiende que la fe contribuye muy eficazmente a conservar el equilibrio mental y a no perder el sentido común. Por el contrario, alejarse de Dios lleva con frecuencia a adoptar ritos, creencias y manías ( a lo mejor, solo son eso, manías), que en el mejor de los casos dan risa.

 

 

 

Por eso, recristianizar el ambiente es también ir atornillarlo cabezas a nuestro alrededor , y, aunque quizá no tenga mucha importancia, olvidarse del zodiaco y de sus signos, descolgar la herradura de la puerta, tirar la pata de conejo, y, en lugar de llevar al cuello un colmillo de gorila, ponerse una medalla escapulario, que es infinitamente más útil.

 

 


 

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